Una de las frases más conocidas de Jean-Luc Godard, el famoso director francés que fue parte del movimiento cinematográfico conocido como Nouvelle Vague --- personas que se relacionaron primero con la crítica de cine en torno a su mentor, el popular crítico André Bazin ---, es aquella que indica que el travelling, ese recurso cinematográfico en donde la cámara se mueve hacia los costados en un mismo plano, es una cuestión moral. Claro que aquella sentencia cerraba muy bien con los filmes que varios de sus compañeros estaban realizando, como por ejemplo el clásico "documental" de Alain Resnais, "Nuit et brouillard" (1955), primer filme que toma imágenes de los campos de concentración diez años después del fin de la Segunda Guerra Mundial: una larga secuencia de travellings que van hacia la derecha y que terminan en lugares específicos de la siniestra arquitectura de los campos, nodos significativos que dan pie a la inclusión de material original de la época insertado en esta cinta. Ahora bien: ¿Qué pasa con esa frase en la producción cinematográfica de los últimos años del siglo XX y comienzos del XXI? Creo que uno de los directores cuyo trabajo puede abrirse a esta cuestión es Spike Lee, quien utiliza de una manera bastante particular el travelling como recurso.

Seamos más técnicos, pongámonos del lado del director: el travelling es una estrategia en donde la cámara se coloca sobre una serie de vías o a través de una grua puesta a una altura específica con respecto a la figura ideal de un cuerpo humano: podemos ubicar la cámara a la altura de la cabeza --- el rostro es un punto significativo central a la hora de establecer los diversos planos --- o con ciertos grados por encima o por debajo de ese punto. Cada recurso utilizado en una producción particular, sea este cinematográfica, literaria, pictórica, etc., viene con la carga de sus usos anteriores: como bien dice Theodor Adorno, cada procedimiento formal es un elemento utilizado inicialmente como contenido que adquiero rasgos formales en la actualidad.

Recurrir al travelling luego de sus primeros usos como apuesta moral carga lo suficiente al procedimiento como para que no pase desapercibido a la hora de un análisis efectivo, sobre todo en la obra de Spike Lee, el cuál siempre trabaja temáticamente con los problemas morales de su tiempo y muchas veces tiene que lidiar con la integración racial en la aldea que pinta o, por ejemplo, el tiempo después de una gran catástrofe, el tiempo después del tiempo. Por eso, nos concentraremos en dos películas de dos períodos diferentes con dos travellings cargados, significativamente, de manera diferente: "Malcolm X" (1992) y "The 25th Hour" (2002).

Una de las notas distintivas del travelling utilizado por Lee es que no va de un costado hacia el otro, o sea, no va de derecha a izquierda o al revés, sino que siempre se centra en la figura humana y va desde atrás hacia adelante, siguiendo los pasos del personaje en cuestión: en definitiva, el personaje parece estático mientras el fondo es lo que se mueve, algo que el propio Gilles Deleuze caracterizaría como un comportamiento propio del mundo onírico que suele construirse en los musicales. ¿Consecuencia del recurso? El hecho de que el espectador no puede ver los pies de la figura humana: ligeramente inclinada hacia arriba, la cámara toma al personaje con una especie de mirada de éxtasis casi religisoso desplazarse por un espacio geográfico abierto o cerrado, cortando el plano por debajo del pecho, o sea, deteniéndose en un plano americano clásico, sólo que con notas de un plano picado.

En "Malcom X" esta estrategia aparece momentos antes de que el lider musulmán que defendió los derechos de la comunidad afroamericana y el lugar del hombre negro --- uso sus términos: como bien dijo, hay que aprovecharse de la terminología del dominador para volverla en su contra ---, por lo que refuerza ese comportamiento cuasi religioso de un hombre que ha aceptado su destino y se dirige al matadero. El desprendimiento del fondo, esa sensación de que Malcolm X se convierta en algo que flota por sobre el paisaje remarca su individualidad y, en este caso, pone por delante el ejercicio moral del sacrificio, o sea, la práctica efectiva de ofrecer la individualidad por un bien mayor desconocido.

Ahora bien, en "The 25th Hour" la parición del travelling se da en otro contexto y se carga de un significado completamente diferente. Si bien la aparición del nivel moral del travelling está latente, no aparece vinculada a una función social, o sea, en el sentido de que el sacrificio que se acepta, la muerte antes de darse, esta pensada como beneficio para un bien futuro desconocido, imposible. Aquí, dentro de una historia cargada de melancolía, de desazón, pero también de pérdida de sentido --- consecuencias de los hechos del 11 de septiembre ---, aparece un pequeño haz de luz, una historia que conjuga cierto caracter cómico con una historia de amor incorrecta, impropia para el resto de la sociedad, pero que por mínima, por imprudente, logra el vínculo rápido con el espectador en términos de empatía.

Notemos que hay un travelling del personaje femenino --- la alumna de Hoffman, interpretada por Anna Paquin --- antes del hecho y un travelling del masculino después del hecho, o sea, después del beso que el profesor le da a una de sus alumnas en el baño, resolviendo la tensión emocional y el dilema del profesor --- interpretado por Philip Seymour Hoffman --- en la película en cuestión. Tenemos la misma mirada extática de Hoffman, tenemos el mismo funcionamiento, con el trasfondo en movimiento y el personaje que parece quedarse quieto... ¿Dónde está el comportamiento moral cuando la acción que realiza es, efectivamente, inmoral, en la medida en que no se ajusta a las costumbres de una comunidad dada? El acento está puesto aquí en otro lado: el beso mínimo es una especie de aliento vital infundado en una película plagada de resignación, de sometimiento al destino marcado por esa misma moral --- la historia del personaje de Edward Norton ---, moral que en alguna medida también ha provocado la destrucción de todo lo que rodea a los personajes. Una mínima moral, en todo caso, de aquel que apuesta por una sensacion individual y la deja explotar, por más ínfima que sea, para así liberarse de la pesada carga que le impedía acatar su deseo.

Entre los límites de una moral máxima, superior, que exige el sacrificio del deseo --- la entrega radical de la vida en pos de la superviviencia de una comunidad --- y una moral mínima que opera por debajo de los grandes planteos de la comunidad --- como un beso robado a alguien que no corresponde ---, el travelling parece funcionar como una estrategia que individualiza, remarca un hecho, o sea, que funciona como antesala de una acción para la cual no hay vuelta atrás, una acción que implica, siempre, una apuesta moral sin reservas.

Aquí los segmentos de los cuales hemos hablado en la nota.

"Malcolm-X" (1992) En 7´ 05 ´´ se da el travelling del personaje

"The 25th Hour" (2002): dos travellings, ahora, resignificados

Foto: Mota Girl