Ken Loach distribuye sus películas en YouTube, algunas películas Disney se pueden descargar legalmente de Internet, muchas películas se "ruedan" directamente en formato digital, Digital Cinemas Iniciativas pretende cambiar el sistema de proyección, mi madre está aprendiendo a manejar el ordenador... ¿Qué está pasando? La evolución natural de la naturaleza, que diría Eduard Punset: Internet y el cine digital están cambiando el panorama audiovisual.

Como espectador, siempre me ha gustado la acción física de ir al cine. Sólo o en compañía de otros. Una actividad que siempre me ha parecido una experiencia tremendamente emocionante: comprar la entrada, escoger la butaca, esa peculiar atmósfera que se forma antes del inicio de la película, se apagan las luces y empieza un fascinante viaje a otro mundo, a otra época, a otra vida, a otro punto de vista... Casi es una experiencia religiosa, de hecho, casi conozco mejor los cines de muchas ciudades que sus iglesias y catedrales. En la otra cara de la moneda están las palomitas, que no consumo como protesta ante el precio tan escandalosamente abusivo que tienen, el espectador maleducado que habla durante la proyección, los proyeccionistas paganos que no se preocupan por un buen foco o ajuste de luz y color, las salas de cine profanas que tienen las pantallas sucias o dejan la puerta de la sala abierta...

Se empeñan en decirnos que el cine pierde espectadores cuando es la exhibición tradicional la que los pierde, porque las películas se siguen viendo ya sea en DVD, en televisión o Internet. No es nada causal que el formato escogido para la televisión digital sea el panorámico y que las pantallas de los televisores tiendan a ser más grandes, a la vez que el aparato en sí ocupa menos espacio. Hasta casi se ha convertido en normal tener un proyector en casa, con su sonido dolby-digital-prologic-surround y lo que haga falta. Las televisiones digitales tienen servicio de video-club por el que pagas una cantidad y accedes a una película determinada, que durante 24 horas, puedes ver las veces que quieras: el video-club en casa.

Si añadimos a esto las iniciativas de cineastas con visión de futuro como Ken Loach o las medidas apostadas por productoras avispadas como Disney, podemos afirmar que el futuro del cine doméstico está en Internet y no en DVD, Blu-Ray o cualquier otro formato. Si los cines van a sufrir una adaptación para poder emitir en un formato digital mediante el cual se descargan la película vía satélite -algunos ya lo hacen- ¿porqué no va a poder el usuario hacer lo mismo? Yo creo que cualquiera estaría encantado de vivir la experiencia ---igualmente religiosa--- de esperar en el hogar familiar el estreno de la última película de su director favorito. ¡Claro que sí! ¿No hacemos ya lo mismo con algunos formatos televisivos? Exijamos entonces un cine en casa bajo un sistema similar al que usan las televisiones digitales: el cine en casa ¡ya!

Al fin y al cabo la tendencia actual engloba bajo la etiqueta "audiovisual" el cine y los diferentes formatos televisivos como el spot, el videoclip, el video-arte, la serie o hasta los reality shows -poco faltará para que las diferentes ediciones de Pekin Express salgan editadas en DVD. Tampoco sería la primera vez que voy a un cine y me encuentro un cartelito informando que la proyección se realiza en formato DVD, algo a lo que por otro estoy muy en contra. No confundamos las peras con los melones. Más que nada porque me parece injusto pagar el mismo precio por un producto, que aunque pueda ofrecerme la misma o mayor calidad visual, no genera los mismos costes que el producto tradicional… pero este sería otro debate.

Recuerdo la primera vez que vi Fahrenheit 451, era yo adolescente y la vi en televisión, como la mayoría del cine que consumía cuando era pequeño y no lo confundí con un telefilme, no. Quedé fascinado, entre muchas otras cosas, del maravillosos salón de los Montag, presidido por un televisor en formato cinematográfico. Sin duda Ray Bradbury, al igual que otros escritores visionarios, como Philip K. Dick, Arthur C. Clarck o Frank Herbert, fue capaz de prever la evolución de una sociedad consumista que, si bien queda clara la connotación manipuladora por parte del gobierno al utilizar el medio audiovisual con efecto placebo con la intención de mantener al individuo contento, entretenido y con su capacidad de raciocinio totalmente anulada, no hay duda alguna que todos los que nos gusta el cine experimentamos un leve cosquilleo ante la posibilidad de poder disfrutar del espectáculo cinematográfico en tal magnitud en la intimidad del hogar.

Además, lo único que nos falta es la posibilidad de contar con una distribución vía satélite para poder disfrutar del cine que ni siquiera se estrena en los cines de provincias -donde vivimos algunos-, luego todos saldríamos ganado: la industria y el consumidor, el cine comercial y el independiente, el productor y el cineasta, ellos y nosotros...

Foto: Una canaria en Tokyo El mundo de Aik Gizmología