La Teta Asustada

Una de las películas nominadas a Mejor Película Extranjera por los AMPAS este año es una producción peruana llamada La Teta Asustada. Fausta (Magaly Solier) padece de la teta asustada, una enfermedad que se transmite por la leche materna de mujeres maltratadas durante la época del terrorismo en el Perú. Los infectados nacen sin alma, porque del susto, esta se esconde en la tierra. Esta enfermedad resulta de cargar un terror hereditario, provocando que se limite en las relaciones sociales.

Claudia Llosa, la directora, ha dicho que la película tiene la intención de crear conciencia en la conservación de la memoria histórica por las víctimas del terrorismo guerrillero y de las fuerzas del orden de los años 80 y 90 en el Perú. Durante estos acontecimientos que marcaron al país se cometieron asesinatos, matanzas, desapariciones y violaciones de derechos humanos. Algo que constatamos en la trama principal que sirve de alegoría al respecto.

Este es un documento triste, que con pequeños detalles y canciones suaves de lamento, consigue reflejar el miedo y la obsesión de las tetas asustadas; esas mujeres embarazadas que fueron violadas durante la guerra y que transmitieron a sus hijas esta enfermedad del miedo. También, a través de esos pequeños detalles, conocemos al pueblo Quetchua, su lengua y su cultura de una manera lenta y pausada. No es apta para gente que sólo busque entretenimiento en el cine, es una película de las que gusta ver en los festivales o ciclos de cine. Es una de esas cintas que empiezan a crecer cuando ya estás fuera de la sala.

Claudia Llosa realiza un trabajo enorme, en el que no sólo nos remite a una historia curiosa y cuidada. Da pequeñas apreciaciones y, aparentemente, sencillas conclusiones. Además se vuelve a aferrar a esa ambigüedad que desprende el hecho de tocar temas cercanos a lugares apartados, y manejando ese hecho con absoluta tenacidad, logra que el espectador pueda entender lo que se está exponiendo sin necesidad de realizar insustanciales cuestiones.

Magaly Solier sorprende con uno de esos papeles que se desenvuelve entorno a gestos y miradas más que otra cosa, uno de esos papeles capaces de aferrarse a la superficie y rasgarla sin apenas proponérselo, logrando con creces su cometido.

Sería interesante que el espectador de esta cinta conociera previamente sobre los regionalismos del Perú. Tuve la suerte de conocer algunos lugares donde se rueda la película. Se la achaca como una crítica anti indígena; yo pienso justo lo contrario. Es una defensa de su entidad como personas, sus costumbres, su idioma, y su forma de ser siempre diferente a la occidental: dominante y arrogante. Las bodas dignas de crédito, muchas son así en realidad.

Con calma y con lentitud, se recorren las costumbres, tradiciones, festividades y simbolismos autóctonos, con la misma lentitud que una psique asustada y retraída logra enterrar todos sus temores y enfrentarse al presente como si nada hubiese sucedido. Como si esa teta, jamás se hubiese asustado.

Foto: Blog de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos del Perú