

Este viernes se estrenó en toda España “Invictus”, la última película de Clint Eastwood. Clint pertenece a ese reducido grupo de directores currantes que prácticamente nos traen una peli por año, y si algún año falla, pues al año siguiente nos trae dos y se queda tan contento. Con 80 años es todo un mérito seguir este ritmo de trabajo. Pero aún mas mérito supone el haberse convertido en un seguro de vida a la hora de ir al cine. ¿Cual es la última película realmente mala de Eastwood que recordáis?. Yo hasta en las más flojas como “Space Cowboys” le encuentro un oficio encomiable.
Quizá “Invictus” no esté a la altura de sus grandes films, pero es toda una muestra de talento narrativo, una gota más en la filmografía del último director clásico vivo. Porque a Eastwood no le preocupa la manera de hacer cine de ahora. Las excentricidades , los inventos, y las estrategias narrativas no van con él. Clint aprendió a dirigir en la época de los grandes, y eso se le nota. Con lo fácil que parece contar bien una historia, viendo cualquiera de las últimas películas de Eastwood, es increíble que en Hollywood no terminen de aprender las lecciones que les da película tras película.
Las dos principales virtudes de “Invictus” son lo bien narrada que está (de manera simple, clásica, pero efectiva) y por supuesto Morgan Freeman. Un actor que sabe compaginar bodrios comerciales en los que él es el único aliciente (“The Code”) con auténticos peliculones entre los que curiosamente destacan los que ha hecho a las ordenes de Eastwood. Un actor con garantías que encarna a un Nelson Mandela quizá con demasiadas luces y ninguna sombra. Éste es, por buscar uno, el punto flaco de “Invictus”. El retrato que hace del líder sudafricano es excesivamente benévolo, blando y optimista, (tal vez porque la figura se presta a ello) principalmente viniendo del creador de obras oscuras como “Sin Perdón” o “Gran Torino”, un director que siempre ha retratado al ser humano con sus contradicciones, y que aquí se decanta (probablemente por primera vez en su filmografía) por una historia centrada en el lado bueno del ser humano. Incluso al tratar temas como la injusticia y el racismo lo hace desde un punto de vista optimista, haciendo un alegato a favor del perdón y la comprensión. Un mensaje que, no obstante, es 100% consecuente con la figura de Mandela, pero que hace que la película pierda un poco de objetividad. Era difícil encontrar un punto negativo en el Premio Nobel de la Paz, y por eso Eastwood ha optado simplemente por ni siquiera intentar buscarlo.
Aún así, la película es toda una obra de artesanía fílmica. Aunque estructural y narrativamente nos pueda recordar a un millón de dramas deportivos (de “Karate Kid” a “Rocky”) en los que el farolillo rojo (aquí la selección de Rugby Sudafricana) llega a convertirse en el mejor gracias a su tesón y su humanidad, en “Invictus” la historia tiene un trasfondo histórico muy de agradecer, y por una vez hace que los que no somos muy amantes de la épica deportiva, entendamos la importancia del deporte en determinadas circunstancias. Mandela lo sabía, y si algo podía unir a un país dividido era simplemente buscar un enemigo común. Para un hombre pacifista como Nelson Mandela la mejor forma de buscar un enemigo era buscarlo en los deportes. Lástima que el rugby sea un deporte prácticamente desconocido para muchos de nosotros. Porque si, sin tener ni idea de lo que estaba pasando en pantalla, Eastwood ha conseguido que vibre y que me emocione con unas escenas deportivas llenas de tensión y emoción, no quiero ni pensar lo bien que me lo habría pasado si fuera conocedor de éste deporte.
Todo en “Invictus” está ahí porque tiene que estar. Es cierto que la historia tarda en arrancar, pero es necesario que conozcamos a Mandela, su situación, y por qué era tan importante para él unir al país por un bien común. Toda la subtrama de los cuerpos de seguridad del presidente, enfrentando a negros y blancos, sirve como metáfora del estado del país, y se refleja perfectamente en una sencilla pero emotiva escena en la que se demuestra hasta que punto un deporte ha podido unir a un país dividido.
“Invictus” es una película sencilla, clásica y con un mensaje claro y evidente. No esconde nada, es lo que es. No es innovadora, no es dura, no es compleja, y es hasta cierto punto previsible, pero por mi que vengan un millón más como ella.
Foto:Facebook
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