
Sin lugar a dudas la comedia romántica necesita una renovación urgente. Es un género vilipendiado, denostado e incluso olvidado por gran parte de la crítica especializada, pero no olvidemos que es el género que nos ha dado “El apartamento” o “La boda de mi mejor amigo”, sólo por poner dos buenos (y dispares) ejemplos. Parte de la culpa de este ostracismo en el que se encuentra el género la tienen el gran número de bodrios que contribuyen año tras año a su mala fama. Uno de los de este año es sin duda “Los fantasmas de mis ex-novias”, enésima adaptación del “Cuento de Navidad” de Dickens.
Se trata de un género que puede aportar mucho pero al final termina aportando siempre lo mismo: Estereotipos y situaciones que se repiten película tras película: El chico guapo, el viejo amor, el o los personajes cómicos, el nuevo amor de la chica, la boda o pre-boda en la que se desarrolla toda la trama… Podría decir ahora mismo 4 ó 5 películas de los últimos años en las que se dan todas y cada una de estas situaciones.
Por tanto, en “Los fantasmas de mis ex-novias” novedad vamos a encontrar poca. A no ser que entendamos por novedad el llevar el cuento de Dickens a un terreno diferente y contemporáneo, aunque eso ya se vio en “Los fantasmas atacan al jefe”. Y la misma estructura de “persona normal que sufre un acontecimiento sobrenatural que le ayuda a cambiar y darse cuenta de cómo tiene que afrontar la vida” la hemos visto ya en un sinfín de películas mejores y peores: “Que bello es vivir”, “Big”, “Atrapado en el tiempo”, “Family Man”… y podría seguir citando hasta que me sangraran los dedos.
Por destacar algo positivo diremos que el reparto es más que solvente. Matthew McConaughey está simpático, diría que hasta gracioso en algunos momentos, Jennifer Garner creíble como siempre, y Michael Douglas lo borda haciendo de un viejo playboy adicto a las mujeres. Este personaje tiene aún más gracia si recordamos que el mismo Douglas estuvo tratado de adicción al sexo… Mención aparte para el veterano Robert Foster, que mezcla comedia y dureza como nadie.
Quitando algunas líneas de diálogo realmente graciosas y ciertas referencias a M.A.S.H. y a American Pie que realmente tuvieron gracia, el resto es previsible, repetitivo, y excesivamente políticamente correcto. Porque la historia de un mujeriego anti-matrimonio metido en la vorágine de la boda de su único hermano, podría haber dado mucho juego si al acostumbrado almíbar que rodea el género se le hubiese añadido algo más de picardía y mala leche. Una visión distinta y menos dulzona que el género parece estar pidiendo a gritos. Gritos que gente como Judd Apatow o John Hamburg parecen estar escuchando.
La película te da lo que te promete, eso sí. No engaña a nadie: Gente guapa, chistes fáciles, romanticismo de folletín, final previsible, ritmo correcto… Todo muy académico, muy “sobre seguro”. A los consumidores habituales de este tipo de productos, les gustará. A los que aún confíen en un género que ha dado grandes películas a la historia del cine, les volverá a decepcionar.
Foto: El séptimo arte










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