
Si hay que ver una película española este año, esa es sin duda “La vergüenza”. No porque lo merezca más que otras, sino porque sin haber contado con la gran promoción mediática de “Celda 211” o “Ágora”, está a la altura de la primera, y le da mil vueltas a la segunda.
La ópera prima de David Planell es un claro ejemplo de qué es lo que realmente importa en una película: Un guión sin fisuras y unos actores a la altura. Lo demás es prescindible. La historia de Pepe y Lucía y su incapacidad para criar al niño que han adoptado te atrapa desde primera hora y está llevada de forma magistral.
La vergüenza empieza sin concesiones: Desde la primera secuencia te mete de lleno en la historia. Planell no pierde el tiempo en explicarnos la situación de esa familia o las condiciones que les han llevado a adoptar. Para eso ya habrá tiempo. La película arranca en el centro del conflicto y es esa su principal virtud, pues la historia describe personajes y situaciones al mismo tiempo, logrando un ritmo envidiable en toda la parte de la casa. Tan solo las secuencias que comparten el niño, Manu y su cuidadora Rosa, hacen decaer un poco el ritmo, y el giro argumental que esconden es un poco peligroso y hace decaer en ciertos momentos el interés por la película. Pero solo hasta que vuelven a aparecer en pantalla Alberto San Juan y Natalia Mateo, porque es su historia de inseguridades, mentiras y verdades la que mueve la película.
No se engañen: no es una película ni lenta, ni intimista, ni aburrida. De hecho mantiene un equilibrio entre el drama y la comedia tan complicado como meritorio. Son estos momentos cómicos (llevados por un Alberto San Juan que debería explotar más su vis cómica, pues es cuando alcanza sus mejores registros) los que llenan de humanidad y naturalidad la dura historia que cuenta la película. Aunque estés en un momento de crisis en tu pareja, si hueles a sudor, hueles a sudor… una cosa no quita la otra… La película está llena de éste tipo de detalles, todos refrescantes y todos más que justificados en un guión de libro.
Aparte de un recuperado Alberto San Juan, en la película están la excelente Natalia Mateo y la solvente Norma Martínez, en un papel complicado al que sabe sacarle todo el jugo.
Si bien la realización es algo televisiva (la falta de escenarios ayuda a ello), Planell tiene sello hasta para abusar como lo hace de los planos máster frontales, ya que a fuerza de reiteración, este recurso (casi teatral) llega a formar parte del estilo visual de la película.
Un film más que recomendable, que puede ser la gran sorpresa en los Goya de este año. Se que aún no se conocen ni siquiera las nominaciones, pero apostaría por Guión Original, Actriz Revelación y Director Novel casi seguro. Luego vendrá la Academia y me quitará la razón…
Foto: La Vergüenza










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