hachiko

Hachiko fue un perro de raza Akita que se hizo famoso en los años veinte en Tokio por la devoción que mostró a su dueño. Acostumbrado a recibirle cada día en la estación a la que su dueño llegaba tras la jornada de trabajo, Hachiko siguió esperándole durante años después de que éste muriera… Porque ¿cómo le explicas a un perro que su adorado dueño ha muerto y ya no volverá a aparecer en la estación?

Esta historia popular japonesa ha servido de base para que los americanos hayan materializado “Siempre a tu lado. Hachiko (Hachiko: A dog’s story)”, trasladando la acción de Japón a Estados Unidos y con Richard Gere como protagonista y productor. ¿Y cómo ha quedado la cosa? Pues poco me importaba, pero el otro día, a lo tonto, decidí entrar con un amigo en una sala en la que proyectaban los avatares de Hachiko. Y aluciné un poco. No porque sea un bodrio, que no lo es, sino por el hecho de que un director como Lasse Halström (“Las normas de la casa de la sidra”) haya decidido dirigir un guión tan poco estimulante, tan de tv-movie de tarde de domingo

A ver, la película es digna y lo que cuenta lo cuenta bien, pero podría haber sido dirigida por cualquier realizador televisivo de tres al cuarto y el resultado habría sido el mismo. Lo historia es inevitablemente bonita, por más que todo sea tremendamente simplón, previsible y MUY manipulador emocionalmente. Lo que sucede a Hachiko es tan triste que, si le sumamos la omnipresente musiquita de Jan A.P. Kaczmarek, es imposible que no te dé una pena bestial el pobre perro. La gente en la sala, con una media de edad superior a los sesenta, lloraba y lloraba a nuestro alrededor y la segunda mitad del filme roza la tortura en ese sentido… Vamos, que acabé moqueando yo también. Ay, qué penita. Allá vosotros si queréis sufrir.

Foto: Wide Pictures