jumper

Hay días en la vida de todo cinéfilo en los que apetece ver una de esas películas que hace ya tiempo hemos dado en denominar “para pasar el rato”. Son aquellas que no requieren un esfuerzo mental demasiado pronunciado, cuya trama es más bien previsible y en la que la acción se deja llevar sin más. Son aquellas películas que no cambiarán el mundo ni dejarán huella en nosotros, ni para bien, ni para mal. Y entre las muchas historias que se agrupan en esta categoría, se encuentra “Jumper”. Se estrenó el año pasado de la mano del director Doug Liman.

El argumento es el de un adolescente que descubre que tiene una extraña habilidad y que cuando se da cuenta huye de casa en busca de fortuna y mujeres. Su poder consiste en que es capaz de saltar en el espacio. Basta con que conozca el lugar al que quiere dirigirse. Lo visualiza mentalmente. Cierra los ojos. Y allí aparece. En lo alto de una pirámide en Egipto para hacer un picnic. Colgado de las agujas del Big Ben, cual Mary Poppins y paragüas en mano. O en el interior del Coliseo. Y para ganarse el pan, sólo tiene que introducirse en el interior de las cajas de los bancos para hacer acopio de fondos. Todo sería perfecto sino fuese porque en la huida de su mediocre y anterior vida dejó atrás a su padre y a su verdadero amor. Eso y que existe una organización de paladines (así se hacen llamar) que persigue a los jumpers para matarlos. Unos fanáticos religiosos que argumentan que la omnipresencia debería ser cosa sólo de Dios.

Los malos están capitaneados por Samuel L. Jackson. Y el bueno es el insípido Hayden Christensen. En cuanto a la chica, otra maga de la actuación de la misma talla que el que fuera Anakin, Rachel Bilson. Muy monos ellos, pero con las dotes interpretativas de un cactus. Aunque eso es lo de menos, porque la película es para pasar el rato y ver mundo. Aunque sea desde el sofá de casa y con un buen cuenco de palomitas. Por cierto, que “Jumper 2” está anunciada para 2011.

Foto: Allmoviephoto