

Amer, el debut en el largometraje de Hélène Cattet y Bruno Forzani, es una película de sensaciones, un relato vital narrado a través de la exacerbación de los sentidos. Los directores potencian la capacidad del espectador para que perciba los estímulos que su cerebro trata de discriminar. Cada gesto, cada tensión en la piel, cada mirada… Especialmente, cada mirada. Los directores nos invitan a mirar, a saciar nuestro voyerismo. No tardarán en amenazar nuestra intromisión en un claro homenaje a Buñuel que te deja clavado en el asiento.
En muchos aspectos, Amer puede considerarse un nuevo giallo. Es el Dario Argento más críptico. Una exposición violenta, perturbadora, sensual. Cattet y Forzani desarrollan un ejercicio estético capaz de atraparte con un arco argumental escuálido, pero suficiente: la infancia, adolescencia y juventud de una mujer ligada a la casa que guarda sus filias y fobias más profundas. A lo largo de la narración, la pantalla se inunda de colores vintage, rojos y verdes salpicados de negro en escenas hipnóticas, donde la música, en su mayoría composiciones de los 70, terminan de perfilar algunos momentos inolvidables.
En definitiva, Amer es una película impactante, hermosa, incómoda. Una película a la que no es fácil acercarse, y a la que luego es imposible dejar atrás.
Foto: Twitch
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Vi esta película en el festival de Sitges, y es infumable. Una hora y media soporífera en la que nunca pasa nada, ni tampoco te enteras de nada. Eso sí, todo relleno de unos planos muy buenos que te transmiten lo que siente en ese momento cada personaje, lo único bueno que tiene este quiero y no puedo de hacer algo diferente. Dolor de cabeza asegurado
@Review: Te entiendo, no creas, pero yo apenas desconecté durante todo el metraje (y eso que mi predisposición no era precisamente la mejor).