
Hay escenas vistas en el cine que se quedan grabadas a fuego en el imaginario colectivo o en el personal de cada uno. En el mío hay una que se encuentra entre mis favoritas y que pertenece a “Eduardo Manostijeras”. Es una de las últimas. Ésa en la que Eduardo vuelve a casa de Peg, se encuentra a solas con Kim y ésta le pide que le abrace. Increíble. Sencilla, pero cargada de significado. Creo que es de las mejores escenas que he visto en el cine de Tim Burton y, sin duda, para mí, “Eduardo Manostijeras” es su gran obra maestra.
Después, ha habido muchas películas, algunas buenas y otras no tanto, pero creo que en aquella primera colaboración con Johnny Depp hizo su mejor y más personal trabajo. Un cuento maravilloso sobre las apariencias, el rechazo a lo diferente y el amor incondicional. El mito frankensteiniano revisado, renovado y reinventado. Siempre merece la pena volver a ver “Eduardo Manostijeras” y nunca es tarde para descubrirla. Anoche, preparando un trabajo tropecé con esta escena y no he podido evitar compartirla.
Foto: IMP Awards









Conozco adultos que siguen llorando con esta película. Definitivamente Frankenstein revisado, sí. La impotencia que siento frente a la discriminación que se ve en ella, la bronca al ver lo injustos que somos con aquel que es diferente; me pasa lo mismo cuando veo esta peli o la de Frankenstein. Creo que lo que la hace especial es que es un gran ejemplo del cine de Burton, y la más sencilla de todas sus películas. Es un clásico, de mis favoritas, y la que me hizo fan incondicional del director y de Johnny Depp. Sin embargo, la escena que más me marcó es en la que el inventor (Vincent Price) le da como regalo las manos, y cae muerto. Cada vez que la veo siento un nudo en el estómago. Es una metáfora fantástica acerca de lo cerca que se puede estar de algo y cómo puede truncarse un sueño en un segundo.
Yo la tengo en Blu-Ray. 30 años y de vez en cuando la vuelvo a ver y me provoca la misma sensación que la primera vez.