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No conozco a mucha gente que viese “En el Punto de Mira” cuando se estrenó el pasado año, pero lo cierto es que es una película que ofrece un buen rato de entretenimiento a quien la ve. Está plagada de gazapos, como pretender hacernos creer que Salamanca tiene seis millones de habitantes, pero los errores son lo de menos. Al fin y al cabo, nada es comparable la extraña mezcla que hicieron en “Misión Imposible” de la Semana Santa y las Fallas. Anécdotas, sin más. Lo importante en la película dirigida por Pete Travis es la acción, la historia y la forma de contarla. Un mismo hecho, ocho puntos de vista. Al modo abierto por Rashomon en 1950. Con cada versión ofrecida se le proporciona al espectador una pieza del puzzle que él mismo deberá ir montando para averiguar quién es el culpable.

El hecho narrado es un atentado sufrido por el presidente de los Estados Unidos cuando acude a Salamanca (la plaza que sale es de pega) a una cumbre mundial contra el terrorismo. Pero lo importante no es lo que se cuenta, sino cómo se hace. Ocho protagonistas, ocho puntos de vista. El presidente, interpretado por William Hurt, es simplemente un secundario. El verdadero protagonista de la historia es uno de sus guardaespaldas, Dennis Quaid, que estuvo acompañado por un interesante elenco de actores. Matthew Fox (Jack de “Perdidos”) es un escolta. Sigourney Weaver, una periodista. Forest Whitaker, un turista que ha grabado el atentado con su cámara. Y Eduardo Noriega, un policía local sospechoso.

La película mantiene la atención hasta el último minuto y logra, pese a la dificultad, no desvelar el misterio hasta el final. Ahí radica su mérito y el interés en verla. En eso y en las persecuciones al estilo Bourne que se realizan. Espectaculares. Nunca pensé que una ambulancia y un coche de la policía española pudiesen dar tanto juego.

Foto: Sony Pictures Spain