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Que si la asistencia a los cines cayó o subió más o menos en los últimos tiempos solo lo sabrán realmente los dueños de las compañías que manejan las butacas y las carteleras, pero que hay una pérdida de ese hábito de “ir al cine” es cierto, más allá de los números concretos. O al menos en el lugar donde vivo no es una actividad muy frecuenta la de ir al cine a pesar de que no hay muchas cosas más por hacer.

En Corrientes (Argentina) identifico algunas posibles razones por las cuales las personas deciden muchas veces ver una película en casa antes de ir al cine, y de modo resumido creo que las más frecuentes son: la diferencias de precios entre el fin de semana y el resto de los días que nos hace pensar en una “TOMADA DE PELO”, el precio de los snacks que venden en el cine valen tres veces más de lo que vale en cualquier confitería, como se trata de una ciudad chica con tres cines en total cuando uno va al cine el fin de semana se encuentra con “todo el mundo”, las primeras cinco filas del cine están muy cerca de la pantalla y siempre hay una gran posibilidad de no tener otro lugar disponible, las películas llegan siempre un mes después que a Buenos Aires, como hay pocos cines las películas que llegan son siempre de yankilandia y por último: con todas las pestes que hay en invierno ir al cine es una forma de contagiarse (ahora los cines están cerrados por la Gripe A). Pero supongo que esto no es común a todos los cines del mundo…

¿Ustedes qué prefieren? ¿Quedarse en casa o ir al cine? ¿Creen que debería haber un cambio en la administración de los cines en el lugar donde viven?

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Fotos: anarama