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“Tetro”, la pantomima de Coppola

Por mjarias el 10/06/2009 @15:00

tetro

Algunos considerarán que decir que no te ha gustado una película de Francis Ford Coppola es un auténtico sacrilegio. Lo sé, pero no puedo evitar decir eso sobre su último trabajo. Si hace falta, entono el mea culpa, pero es así. Y es que “Tetro” no sólo no me convenció, sino que se me hizo larga, incluso pesada. La idea de experimentar y darle la vuelta a los códigos cinematográficos está muy bien. Si nadie se atreviese a innovar, el cine no avanzaría, pero creo que esas innovaciones deben ir en beneficio de la historia, sino, algo chirría. El principal problema de “Tetro” es que busca en exceso la perfección. Sí, puede ser un defecto. Tan pendiente ha estado Coppola de que todo sea perfecto en cada plano, en cada escena, en cada secuencia, que no se ha dado cuenta de lo forzado que resulta todo.

La historia es la de Tetro, el hijo renegado de un famoso director de orquesta que se esconde de su familia en Buenos Aires. Pero su hermano lo encuentra y le hace volver a una realidad familiar que no le gusta. La película tiene complejo de margarita y los protagonistas la van deshojando poco a poco hasta que el terrible secreto que esconde la familia Tetrocini queda al descubierto. Tetro es Vicente Gallo, que se pasea perdido por un mundo que le ha traicionado y al que sólo Maribel Verdú parece conectarle con la realidad. No está mal el desconocido Alden Ehrenreich como Bennie, el hermano pequeño del torturado Tetro. Y tampoco desmerece la aparición de Carmen Maura, cuyo papel podría haber dado bastante más de sí.

Una pena que la obsesión del maestro Coppola por el experimento y por buscar la perfección haya acabado en una pantomima. No importa, Coppola es Coppola y se le perdona prácticamente todo. Al fin y al cabo, la obra de su vida ya la hizo. Y siempre nos quedará volver a ver “El Padrino”.

Foto: OutNow

Referencias

Comentarios

  1. Nada de lo que se afrima en este texto es una sacrilegio. Sólo una ristra de sandeces. La película es espléndida, la mejor que se ha estrenado en lo que llevamos de año, junto con el último Almodóvar.
    Algo grave ocurre cuando a los directores parece exigírseles naturalismo y supuesta verosimilitud a toda costa. Esta película es una auténtica obra de arte: a mí me hipnotizó desde el primer hasta el último segundo.

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  2. Un filme en el que se habla tanto, el drama fundamental de la familia Tetroccini (que no es precisamente que el atormentado Tetro sea el padre del angelical Bennie) está demasiado disperso, diluido en subtramas, flash back, bailes, óperas. Pese a una duración fuera de la norma, cosa que no me disgusta, algunos personajes pierden intensidad a medida que transcurre el filme. Algunos hacen entradas triunfales y luego pasan al desenfoque total, como el de Carmen Maura. Un actor puede ser magnífico pero, limitado por la inconsistencia de un guión, poco puede hacer para demostrarlo. Klaus María, casi omnisciente, tuvo mayor oportunidad de exhibir sus dotes histriónicas las que, justo es decirlo, son mayores que las de la Maura. La falta de intensidad de algunos personajes no quiere decir, sin embargo, que la dirección actoral no haya sido buena, de tal contradicción sólo puede culparse al guión. Ahora bien, por mucho que pueda decirse en su contra, uno comprende, ya desde los primeros minutos del filme que detrás está la mano de un maestro, tales señas son imborrales. Como filme, por el coraje formal, por la ruptura, por la ambición artística, sería demasiado injusto no decir que lo prefiero a las tantas basofias que últimamente se han hecho en el séptimo arte que no merecen siquiera dos línes de comentario crítico.

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