
Cinco nominaciones a los Oscar 2009: mejor película, director, actor principal para Frank Langella, guión basado en un material previamente publicado para Peter Morgan adaptando su propia obra de teatro y montaje. Esa es la carta de presentación de Frost / Nixon, el desafío, cinta que no ha escapado a la plaga en España de sobretítulos que obvian la sinopsis y mastican el contenido del film en su cartel. Un drama electrizante de alto contenido político que no pierde por un momento el contenido humano.
Después de dimitir de su cargo por el escándalo Watergate, el ex-presidente de los Estados Unidos Richard Nixon sale de su reclusión para conceder una serie de entrevistas al presentador televisivo británico David Frost, un inteligente showman con un claro propósito en mente: conseguir a través de sus preguntas lo que todo el mundo quiere, la verdad que Nixon se llevó con su puesto.
Ron Howard es un duda alguna un director popular dedicado al pueblo. Por ambiciosos o personales que sean sus proyectos nunca deja de mirar al público que se sentará en la sala a ver la película. Eso es, de largo y de corto, su mayor virtud y su mayor handicap. En el primero de esos casos, por lo concesivas o facilonas que lleguen a ser sus propuestas, véase un insoportable Grinch, o una relativamente maniquea mente maravillosa, muy selectiva a la hora de contar y ensalzar la vida de una persona bastante cuestionable. Es esa habilidad la que hace de una trama complicada, en la que entran en juego muchos personajes con intereses cruzados en muy poco tiempo, un mecanismo de dominó, en el que sólo hace falta darle un golpe a la primera pieza para que el resto caigan automáticamente.
La planificación de Howard es certera, al igual que la gran virtud que proporciona el libreto del dramaturgo Peter Morgan: sabe que no va a tener problema con las entrevistas de Frost a Nixon en sí, la trama política no da problemas, pero su clave es no perder el factor humano. Y así, el thriller político se convierte en un drama de personajes, en donde el metraje es un mapa donde ir colocando los eventos, lo dicho y hecho, y en donde claramente el bando de Nixon parte con gran ventaja respecto al de Frost. Es… David contra Goliat. La odisea personal de David Frost por sacar adelante un show en el que nadie cree y por el nadie da un céntimo es equiparable al desafío del equipo de personas que preparan las entrevistas con el firme propósito de conseguir una disculpa pública de Nixon.

La cámara de Howard es nerviosa y certera, evitando que una obra originalmente representada e ideada para el teatro se volviese teatral en pantalla. Los diálogos de Morgan directos, tienen chispa y son claros. Y los actores medidos y equilibrados, sobre los que sobresale, sin duda, Frank Langella, quien compone un monstruo moral muy cercano. Su Richard Nixon no es una bestia histriónica, aunque sabe muy bien mover las piezas. Es un ser poderoso en una situación carente de poder, un animal viejo y bastante triste, del que casi te compadeces por momentos, que siente nostalgia de todo aquello que perdió, que recuerda con añoranza y sabe no recuperará. Lo suyo es la gloria diluída, la sombra de lo que no será.
Es con todo esto que esta vez Ron Howard no ha dado nuestra ración de talento en lo que viene a ser su particular una de cal y dos de arena. Un cinta que te mantiene clavado el asiento durante sus casi dos horas de metraje, con un ritmo demoledor y un encanto envidiable. Ahora, que nadie lo olvide, detrás de esta nos vienen las dos de arena….
PUNTUACIÓN: 8 / 10
LO MEJOR: Su endiablado ritmo.
LO PEOR: Al cubrir mucho tiempo real en poco tiempo cinematográfico hay elipsis temporales que quedan algo más extrañas que otras…
EL MOMENTO: El final de las entrevistas. La bestia moribunda.










I deitnfiely see your point, Tom. My favorite films are usually ones that surprise and challenge me, but I am occasionally willing to sit back and just be entertained.Yes, as you expected, I did like Milk more than you did.