llora, Smith, llora como sólo tu sabes hacerlo

La segunda película de producción norteamericana dirigida por el realizador Gabriele Muccino tras En busca de la felicidad sigue las pautas establecidas por esta misma, aunque de manera ligeramente más contenida. Los ingredientes son los mismos, léase drama, más drama, Will Smith pagándose el Oscar y mucho más drama, aunque en este caso Muccino demuestra ser algo más hábil que en la última ocasión dándole un poco más de empaque al conjunto.

Siete almas nos acerca al caso de Ben Thomas, un agente de la Hacienda usamericana, quien, movidos por terribles y oscuros secretos de su pasado, decide firmemente ayudar a siete personas, siete desconocidos inconexos, a mejorar sustancialmente su calidad de vida, no importa el precio que haya que pagar. Su decisión es férrea y terminal, y sólo aquellas personas nobles de corazón podrán beneficiarse de ello.


Si bien la cinta no es mala, porque no lo es, digamos que juega varias cartas sin decidirse finalmente por ninguna de ellas, lo que supone finalmente el handicap que no la eleva del aprobado raspado. Juega a ser terminalmente dramática, puesto que el personaje de Will Smith acarrea un gran drama sobre sus hombros, pero en su búsqueda de la felicidad (¡chascarrillo!) ajena dicha pena extrema se diluye, por lo que sus motivaciones finalmente quedan un tanto cogidas con pinzas. Esa felicidad se centra sobremanera en la relación que mantendrá con Emily Posa, el personaje de Rosario Dawson, con lo que las otras seis almas pasan un tanto de visita por la pantalla, y la gran proeza humana que desarrolla Smith queda de nuevo diluida. Quiere ser una película bonita, pero jodidamente dramática, y claro, no renuncia a ninguna de las dos cosas sin terminar de encajar en nada. Tierra de nadie.

A su favor, la fotografía cruda, de iluminación natural, nada forzada, el manejo artesanal de la cámara que profesa Muccino, y unos papeles hechos a la medida de los actores, ayudan a sobrellevar este triste cuento de sacrificio que, por su idiosincrasia del quiero y lo voy a tener es de todo, romántica y dramática, pero al final lo que no termina siendo es una buena película, aunque tampoco mala, esa es su bendición y maldición.

PUNTUACIÓN: 5 / 10

LO MEJOR: Will Smith y Rosario Dawson. Tienen química.

LO PEOR: Ese montaje descompensado termina convirtiendo la cinta en un batiburrillo de intenciones que terminan por no casar.

EL MOMENTO: El clímax en la bañera. Tenso, duro y directo.