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‘The Searchers’: Tragedia clásica

Después del análisis de los primeros 13 minutos y quince segundos llevado a cabo este fin de semana, me ha sorprendido que más de un lector de aquellas líneas me pidiera continuar con mis reflexiones sobre la película. Y aquí estamos, vamos a llegar hasta el final, acompañando a Ethan y Martin en la búsqueda de Debbie.

Lo habíamos interrumpido en el momento en que Ethan y Martin, convertidos en rangers (exploradores) temporales, acompañan al grupo comandado por el reverendo Samuel Clayton en el rastreo de unas piezas de ganado robadas a los Jorgensen, unos ganaderos holandeses. Ethan sospecha que pueden ser comanches, y está dispuesto a comprobarlo. La última escena que habíamos analizado era la famosa en la que el reverendo, Ethan y Martha comparten un momento tenso. Esperamos, como siempre, que el lector tenga la película a mano y de al play para acompañar estas líneas con las imágenes de esta obra maestra.

Fundido. La pequeña compañía se marcha a media mañana. Ford recoge el hecho con un plano lejano general de la casa, con los jinetes yéndose de derecha a izquierda de la misma en primer término (por cierto el perro vuelve a ladrar, muy curioso…). El último Ethan. Es irresistible su perfil de jinete, de centauro, misterioso e inasible, de una parsimonia y una oscuridad notables. El siguiente plano es la preciosidad que tenemos en la parte superior de estas líneas. Como no podía ser de otra manera, son el amor secreto de Ethan y su más que probable hija los que se acercan más a verle marchar. El momento no puede ser más sobrecogedor para el que ya ha visto con anterioridad la película.

En estas primeras tomas de exteriores, con el legendario Monument Valley de fondo, Ford hace uso de un montaje extraño y enigmático. Al plano en que se alejan de la casa, con los jinetes yendo de derecha a izquierda, se opone el siguiente al antes comentado en que los jinetes viajan de izquierda a derecha, rompiendo todas las normas (no escritas) de narración clásica. Ya decíamos que no hay nada casual en esta película y que esperamos que el lector no sea tan ingenuo de pensarlo: el cuarto plano es con los jinetes avanzando hacia la cámara. Bien, repasemos el plano 1, 2, 3 y 4: de derecha a izquierda, hacia el fondo (como vemos arriba), de izquierda a derecha, hacia la cámara. Probablemente el rodaje no sería muy lejos del decorado del rancho de los Edwards, pero la sensación del espectador de haber recorrido muchas millas es patente, además de mostrarse Ford como un consumado organizador de espacios.

Enseguida llega la primera conversación, aunque breve, entre Martin y Ethan, que se revelará una relación extraordinariamente compleja y tumultuosa. Martin es un muchacho muy noble que aprecia a Ethan, o al menos le respeta. Ethan desprecia abierta y sinceramente al muchacho, y no tiene reparos en dejárselo claro. Martin sospecha del rastro que siguen, y aunque probablemente Ethan está de acuerdo en su apreciación, soslaya el tema y le provoca, ordenándole que no le llame tío, y asegurándole que puede deshacerle de un soplido. La conversación se verá bruscamente interrumpida por una de esas decisiones enigmáticas de montaje por parte de Ford que le dejan a uno de piedra: alguien grita “¡Brad!” y todos miran en una dirección, mucho más adelante. Corte a un plano de un jinete lejano que indica el camino. Todos damos por supuesto que es el punto de vista de todo el grupo. Pero no es así. En realidad estamos en el contracampo (espero que el lector no se pierda) de ese supuesto punto de vista, pues el jinete se acerca a cámara y se aleja de los otros. Corte brusco a un plano vacío que cortarán los jinetes al galope de derecha a izquierda.

Es asombroso el talento de Ford para dotar de una tensión y una atmósfera inigualables unos acontecimientos en principio cotidianos. Otro corte a un gran plano general: los jinetes llegan donde estaba Brad y se acercan a un claro. Vemos a Brad en un plano medio, y de nuevo a los jinetes en un majestuoso gran plano general. El rojo de la tierra y las rocas del valle contrasta vivamente con el azul brillante del cielo, en un panorama poco menos que abstracto. Son las piezas de ganado robadas, están muertas. Por supuesto el experto Ethan es quien arranca de sus cuerpos las lanzas comanches. Ahora la cosa está clara. Todos lo sospechan pero de nuevo es Ethan el que lo dice: les han alejado de los ranchos para asesinar a placer a las familias. La terrible revelación del ataque conmociona a todos, y Clayton ordena volver al grueso del grupo para intentar detenerles a tiempo. Pero Ethan y Moss (¿los dos locos?), deciden quedarse un poco, lo que sorprende a Martin.

Esta decisión de Ethan es tremendamente expresiva: no sólo acentúa y remarca el carácter fuertemente independiente de Ethan y su rebelión a las normas grupales, también es indicativo de su frialdad (al menos externa) y de su experiencia en combate. 40 millas para unos caballos parecen demasiadas para recuperar sin descanso, y Ethan sabe que no lo logrará sin abrevar a su montura. Pero también parece que necesita estar solo (Moss va a lo suyo…) para lamentarse por el terrible error que ha cometido y que puede costarle la vida a Martha. Impagable la mirada de preocupación de John Wayne sobre el lomo de su caballo. Realmente un grandísimo actor muchas veces infravalorado. El siguiente corte, que da paso a una imagen externa de la casa Edwards, pareciera también la imaginación de Ethan volando sufriente hacia el hogar.

La secuencia del ataque comanche a los Edwards es impresionante, y justifica por sí sola esa definición de la película por parte del propio Ford de ser un western psicológico. Aaron, que ha ido a recoger agua para la cena, oye algo sospechoso en el valle (estamos en un decorado evidente, pero esto añade encanto al momento). El plano subjetivo no es un decorado y está fotografiado en noche americana, pero la habilidad del operador Wiston C. Hoch es magnífica y no molesta a la mirada. El atardecer ha hecho acto de prensencia, y una amenazante y angustiosa luz roja baña todo el lugar, indicando la futura carnicería. Esto puede parecer teatral o forzado a esos exégetas del estilo, pero responde a la intención poética y moral del autor, y esperemos que nuestros lectores se hayan dado cuenta ya.

En el interior todos se disponen a cenar, con la ventana dejando entrar una luz roja que le hiela a uno la sangre en las venas, unida a una melodía desasosegante. Martha pronto se da cuenta de que algo malo pasa, observando al inquieto Aaron (que coge su escopeta aludiendo que va a cazar una gallina, y coge también su revólver…). La sangre fría de Martha, que pide a Lucy no encender la lámpara para cenar, nos recuerda a Ethan. Pronto, se hace evidente para Aaron (que escucha en la lejanía cómo los comanches se coordinan entre ellos imitando voces de animales del desierto) que les están rodeando. La tensión llega al clímax cuando Lucy finalmente enciende la lámpara, Martha pierde los nervios apagándola bruscamente y Lucy, que se da cuenta de la terrible situación en que se encuentran, profiere un grito de terror con un acercamiento muy hábil de la cámara a su rostro. Esto es cine.

Nuevo plano subjetivo: esta vez de Aaron, que otea la zona trasera (ciertamente parece despejada, aunque las cortinas de arena le confieren a esa imagen una aura espectral…) con el fin de intentar que al menos la pequeña Debbie huya, pasando inadvertida por su tamaño. Martha le indica a Debbie que debe arrastrarse hasta la tumba de la abuela (luego veremos qué importante es esto) y quedarse allí agazapada. Estos últimos momentos, con Martha sabiendo que tiene pocas opciones de salir viva, son terribles.

En la tumba de la lápida reza: “Here Lies Mary Jane Edwards, Killed By Comanches May 12 1852, A Good Wife and Mother in her 41st year”. Muchos dirán que de ahí puede nacer el odio irracional de Ethan y su interés por la cultura comanche. Pero eso es quedarse en lo superficial, pues la personalidad de Ethan es mucho más profunda, y su racismo algo que ni al final de la película llega uno a entender. Una sombra cubre a Debbie en la tumba (¿la sombra de un espectro que se la lleva al abismo?): es Scar. Comienza la masacre y termina la entrada de hoy.

Continuaremos.

Referencias

Comentarios

  1. Me quito el sombrero. No dejes de hacer nunca estos impresionantes y productivos análisis.

    Saludos.

    Responder

  2. Muchas gracias, Alberto. Me esfuerzo mucho precisamente para que os gusten estos textos.

    Abrazo

    Responder

  3. Muchas gracias, yo soy uno de los que pedía continuases con el análisis. Tengo prisa ahora pero ya dejo marcadas esta entrada y la del día 16 para leerlas con la calma que se merecen.

    Un saludo

    Responder





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