
Habíamos dejado ayer a Ethan, en la primera parte de este extenso análisis (menos mal que son los primeros 13 minutos y 15 segundos de la película…), en el porche de la casa, después de soltarle a su hermano una buena cantidad de monedas de oro con tal de que dejara de preguntarle por qué no se fue de Texas antes de la guerra, cuando tuvo ocasión. Sospechamos, igual que Aaron, que la razón era Martha. Por otra parte si echamos un cálculo de los años que ha estado fuera (lo menos 7) obtenemos la edad aproximada de la menor de las hijas de Martha, Debbie, que tendrá ahora esa edad. Por supuesto que la teoría que sostenemos (más que teoría, certeza) es que Debbie es fruto de un romance secreto entre ambos.
A esa imagen nocturna de Ethan en el porche le sucede otra diurna que casi parece romper el contínuo secuencial de un hachazo violento, con la música subiendo a todo volumen: los rangers llegan al rancho de los Edwards a primera hora de la mañana. De hecho, las notas musicales anuncian el presagio de una tragedia inminente. Es el reverendo Samuel Clayton (maravilloso Ward Bond) que ahora es capitán de los rangers, el que llama a la puerta acompañado de sus hombres, anunciando que alguien ha robado ganado en la vecina casa de los Jorgensen. El que interpreta a este personaje de ascendencia holandesa es el fordiano John Qualen.
Aquí, en el minuto cercano al 9:30, tenemos uno de esos planos que han hecho de Ford una leyenda, y de los que tanto gustaba el irlandés: una docena de personajes moviéndose en torno a una mesa con una coreografía y una sensación de vida maravillosas. Con el reverendo en el centro del plano trastocando pero ordenando también la rutina de la casa y con varios personajes interactuando sin cambiar de plano. Una imagen nítida de una comunidad, rota por la aparición inesperada de Ethan, que se ha levantado más tarde que nadie por el largo viaje, presumiblemente, del día anterior.
En realidad Clayton ha venido para reclutar a Martin y a Aaron como rangers voluntarios, sin paga, y así poder tener a más hombres a su servicio. Pero nada más acabar el juramento improvisado, se levanta Ethan y sorprende al bonachón reverendo. Parece haber una relación entre ellos profunda pero difícil. Es plausible que ambos sirvieron juntos a la Unión en la Guerra Civil. Dice Clayton: “no te veo desde la rendición…para ser sinceros, no te ví en la rendición”. A lo que Ethan responde: “no puedo creer en rendiciones, aún conservo mi sable, y no está inservible”. Esto nos dice dos cosas sobre la torturada y oscura personalidad de Ethan: primero que es un tipo que vive en el pasado y que no acepta la realidad, en un impulso obsesivo; segundo que a pesar de que decía regalar el sable a su sobrino, como vimos en el post de ayer, esto es falso, lo que añade un componente falso y mezquino.
El plano siguiente a esta declaración de principios podría ser de Aaron molesto porque lo del sable era una gran mentira. Pero en lugar de eso tenemos a cuatro rangers (entre ellos el importante Moss, que está diciendo que han sido los indios aunque nadie le hace ni caso), y en el centro, radiante de luz Martha, que si no está ensimismada mirando a Ethan, que el lector ponga el minuto 10:53 y me lo diga. De hecho, es sorprendente que nadie se percate de que esta mujer venera al personaje de John Wayne. Quizá con esto Ford haga una crítica velada al hecho de que a las mujeres no se les prestaba atención en aquella época y lugar.
Pero Ethan ya va a ponerse en marcha. Se coloca su pistola y deshace el juramento de su hermano, porque pueden ser comanches, tal como dice Moss, y es mejor que Aaron se quede. Vemos también aquí la capacidad de liderazgo y la fuerte voluntad y presencia de Ethan, que con su sola voz amedrenta a casi todos menos a Clayton. Con este romper el juramento de su hermano, Ethan inicia una cadena de profanaciones de costumbres y rituales que durará toda la película. Al mismo tiempo, él no piensa jurar, porque ya juró una vez por los confederados y según él sólo se puede jurar una vez en la vida, pero Clayton sospecha que no jura porque quizá ha cometido algún crimen inconfesable.
Se queda sólo Ward Bond mientras todos se preparan para partir, y descubre las mofas de los hermanos pequeños a la mayor, Lucy, que se está abrazando a escondidas con su novio, otro ranger, hijo de los Jorgensen, interpretado por Harry Carey Jr., hijo de Harry Carey, un mítico actor de cine mudo al que Ford admiraba mucho, y del que Ford cogió su gesto predilecto para el último plano de esta película.
Llegamos casi al final de este análisis con un momento mítico. Clayton se pasea, emanando humanidad, por la casa, con un café en una mano y una rosquilla en la otra. Y descubre a Martha acariciando el abrigo de montar de Ethan. El tema musical de amor, de una melancolía enorme, hace acto de presencia. Aparece Ethan detrás de Clayton y ella se acerca a él y le da el abrigo. Se miran largamente, y el reverendo hace como que no se da cuenta, aunque lo sabe todo. Cuando Ethan sale, Martha le sigue embelesada y se queda en la puerta. El reverendo simplemente sale por esa puerta, por el resquicio que le permite Martha.
Que el romance entre Ethan y Martha es una certeza a todas luces, no es algo que creamos que deba remarcarse más, si bien Ford lo narra con una serie de miradas y movimientos de una delicadeza y sensibilidad extremas. De ese amor prohibido nació Debbie, a quién Ethan y Martin buscarán durante diez años, aunque Ethan con el secreto, una vez más, deseo de matarla, pues no soporta que su propia hija se haga comanche. Que alguien me nombre un drama más terrible y mejor montado que este. O que alguien me cite, si es que puede, una película cuyos primeros minutos contengan tantas ideas, misterios y tanta sabiduría narrativa, tanta inteligencia. No creo que la haya.
Gracias por haber llegado hasta aquí.









Gracias a ti por tan minucioso estudio, yo seguiría leyendo si continuases con todo el metraje. He visto un montón de veces la película y según leía me acordaba de cada plano. Una pequeña acotación, por lo que yo tengo entendido, el gesto de Harry Carey que Ethan repite al final de la película fue idea de John Wayne, en homenaje a su fallecido amigo y a su mujer (la de Harry Carey) que estaba presente en el rodaje de la escena. Felicidades.
Un gran análisis, tengo que ver de nuevo esta película!!
Gracias a los dos por los comentarios, me alegro que os haya gustado el análisis.
Saludos!