se recogen del after con pinta de haber tenido gresca David Arnold es un compositor que comenzó relativamente joven en el mundo de la composición cinematográfica. Proveniente de los campos de la música electrónica, curtido como compositor y productor, llamó la atención al ser seleccionado, sólo con un trabajo previo en su currículo, para la banda sonora de Stargate. Alguien de sonoridades modernas para una pieza épica de ciencia-ficción y con tan poco bagaje no parecía la mejor de las elecciones. Pero Arnold realizó una música antológica, vibrante y viva, tremenda en los cánones más tradicionales, en términos de orquestración, como modernos en los de composición. Ya estaba en el punto de mira.

Tras unos notables trabajos para cintas como Godzilla o Independence Day, otra brillante incursión con Los Últimos Guerreros, digamos que su estilo se asentó y regularizó. La épica orquestal dio paso a lo que inicialmente se podía esperar de él: sonidos urbanos, electrónicos, eclécticos, nada clásicos, por esa parte bien, aunque, y hasta la fecha, bastante erráticos.

Arnold se convirtió en el compositor oficial de la saga Bond a partir de El mañana nunca muere, siendo la que tenemos entre manos su quinta colaboración a las órdenes de su majestad. Si bien inicialmente su llegada a la franquicia se recibió con gozo, como una revitalización sonora de unos cánones tan firmemente asentados que olían a rancios, poco a poco las partituras de Arnold se volvían más funcionales, más serviciales y menos personales, menos potentes, hasta ser meros enfatizadores de las imágenes, sin alma, algo que no debería pasar en una banda sonora.

En Quantum of Solace Arnold se muestra más vital, toma mejor las riendas musicales de la película, y presenta una partitura variada, no una sucesión de temas de acción como en anteriores ocasiones. Manteniendo algunas señas de la casa, tanto suyas, como son las orquestaciones, de nuevo potentes, y la electrónica, bien mezclada, como de la saga, y nos referimos a las pautas que John Barry asentó como capitales. Éstas son, a la par, la inclusión de vientos y el legendario tema principal.

Si bien Arnold asume estos dos elementos, no se rinde a ellos. Al acoplarlos a sus esquemas sonoros, le da personalidad Bond a la acción, pero no los convierte en protagonistas de la melodía. El tema se deja ver de forma soterrada en ciertos compases de algunos tracks, como por ejemplo a la mitad del primero, Time to Get Out, o de forma más evidente, aunque breve, en otros, como el 7, Pursuit At Port Au Prince, hacia el final, o el sucinto 14, Field Trip.

Hay que agradecerle a Arnold el que no haya sido víctima de la moda y no haya vuelto su música de acción más a lo Powell, porque la sombra Bourne es algo muy alargado en el género. Así, los temas de acción son duros, potentes, constantes y coloridos, como el 2, The Palio, o el 22, The Dead Don’t Care About Vengeance, extremos numerales de la banda sonora.

Pero no se para ahí. Hay espacio para la música más tranquila e intrigante, más propia de un espía como Bond, en la cual la electrónica y los vientos a lo Barry son los reyes de la función, en temas como el 3, Bond in Haiti, donde además apreciamos los toques étnicos que Arnold introduce, o el 17, Target Terminated, un despliegue de medios al servicio de la acción y el suspense.

Como diferencia respecto a las anteriores bandas sonoras de la saga, el músico inrtoduce elementos reflexivos, casi tristes. Se apoya en sonoridades ambientales, nada neutras, e incluso potenciadas melancólicamente con guitarras que nos podrían retrotraer a Gustavo Santaolalla, como en el track 18, Camille’s Story.

Esta vez sí, David Arnold proporciona una banda sonora variada, agresiva pero con alma, con carácter propio pero a su vez muy encuadrado dentro de la franquicia. Un ejercicio de acción y espionaje potente pero contenido y muy agradablemente solvente.

PUNTUACIÓN: 7 / 10

LO MEJOR: Que no sea un cúmulo de tracks de acción genéricos.

LO PEOR: El handicap insalvable, y netamente personal, de ser una partitura de acción. Y el tema cantado, Another Way to Die obra de Jack White y Alicia Keys, una mezcla entre rollo Bond y rollo alternativo que, lo siento, pero me chirría una barbaridad. Desde Garbage para mí nada es lo mismo…