Una rectificación

Hace más de cuatro meses escribí una entrada absolutamente injusta, y que decía muy poco de mi criterio (ese que defiendo a capa y espada, que para eso es mío) y mucho de mi impulsividad. Mi defensa de la idea de que Newton Howard era el máximo artífice de Lady in the Water nació más de mi pasión por la música que elaboró para aquella película que de la realidad. No me arrepiento de lo que escribí, escrito está, pero no fui justo. Dicen que es bueno y sabio rectificar y admitirlo.

Me dejé llevar por la opinión general, algo que intento no hacer en la medida de lo posible, de que Shyamalan había ido bajando de ingenio a lo largo de su filmografía, hasta desembocar en la película citada, un ejemplo de onanismo mental. Estaba yo totalmente equivocado, como comprobé revisando una y otra vez Lady in the Water hasta comprender que esa película me tenía fascinado. Puede que haya lectores que ahora me recriminen cambiar de opinión, que piensen que esto es indicio de mi ignorancia, o que sólo intento llamar la atención (no habrá pocos lectores que me tienen atravesado y alucinarán con este mea culpa…). Están en su derecho.

No es cuestión de considerar ahora, cual can cobarde, a Shyamalan como un maestro indiscutible, genio genial del cine. No creo que lo sea. Pero sí sería bueno situarle en su lugar merecido dentro del cine norteamericano de ahora: uno de los primeros. Hace pocos meses, este que ahora suscribe, se sentía decepcionado por sus últimas películas. No supe ver más allá. Pero había algo que me llamaba a revisarlas y reconsiderarlas, tal como he hecho. Y he empezado a entender a este tío, que a menudo es pedante o directamente pedorro, que sufre de una cierta autocomplacencia, pero a quien no se le puede negar varias grandes virtudes.

La primera y más grande de todas ellas es su valentía, su coraje casi ilimitado. Más aún tratándose de un director que conoció un éxito extraordinario con su tercera realización (El sexto sentido…¡con tan sÓlo 29 añitos!) y que podría haber vivido fácilmente de las rentas repitiendo la misma fórmula, y matando tempranamente su filmografía. Sus relatos de un superhéroe, de una invasión alienígena, de un pueblo rodeado de monstruos, de una sirena con una búsqueda divina, de un apocalipsis terrorífico, a poco que se observen con sensatez, son un ejemplo de hacer cine contracorriente, sin concesiones, sorprendentemente despojado y audaz.

Su invasión alienígena, Signs, así como su superhéroe, Unbreakable, conocieron también el éxito de público (sobre todo la primera), lo que calmó los ánimos a esos que esperaban otra cosa a tenor de sus campañas de marketing. Pero la cosa empezó a torcerse, y de qué manera, con su The Village, que fue masacrada por prácticamente todo el mundo, incluido yo mismo. Revisándola recientemente, he sabido apreciar el fondo de la historia, su valor moral y estético, su habilidad y su coraje.

En segundo lugar de virtudes pondría yo su coherencia, que dota a su discurso de una gran cohesión temática, estilística y dramática. La particular forma de ver el mundo, para bien o para mal, de este hombre, impregna cada corte y cada plano. Además es autor de todos sus guiones en solitario, lo que le otorga, definitivamente, ese estatus resbaladizo pero apasionante de ‘autor’. Pocos autores como él saben explotar al máximo esta definición, son tan conscientes de los pasos que han dado en su obra, y saben reírse de sí mismos con tanta sana ironía.

Sus últimos proyectos han resultado en fracasos más o menos importantes, y cada vez le queda menos crédito de cara a los grandes estudios. No conozco ahora mismo otro caso de autor de éxito que haya ignorado de tal manera las leyes del mercado (conociéndolas a la perfección, pues es un genio diseñando la promoción de cada nueva película) y se haya convertido, a ojos del espectador medio, en un coñazo seguro. Shyamalan sigue a lo suyo, sabiendo que quizá el tiempo le de la razón. Cada vez estoy más seguro de que Lady in the Water será definida en un futuro como un ejemplo de la personalidad y el talento de su director.

Mientras tanto, parece cada vez más seguro que su futuro no está en los grandes estudios, más aún si sigue cosechando poco dinero en taquilla, y malas críticas. Pero no creemos que importe mucho. Su estilo sobrio, barato, basado más en un estilo inigualable a la hora de desplegar pequeñas-grandes tramas sin grandes medios, casi íntimas (aunque cuenten apocalipsis o invasiones alienígenas), condiciona unas películas pequeñas de presupuesto y sin grandilocuencia, pero poderosas en cuanto a las convicciones morales y estéticas que defienden.