Poppy es una profesora de primaria del norte de Londres, que vive con su mejor amiga Zoe, mantiene una fuerte relación con su hermana pequeña Suzy, y que, en general y en concreto, se caracteriza por un optimismo tan inusitado, tan ferviente, intenso e incondicional que, o bien te contagia, o bien te saca completamente de tus casillas. Poppy es feliz por, pese y gracias a todo.
Acercarse a una pelÃcula como Happy: un cuento sobre la felicidad (¡sobretÃtulo! ¡sobretÃtulo! ¡Qué serÃa de nosotros sin un sobretÃtulo para saber de qué va la pelÃcula!), cuyo tÃtulo original Happy-Go-Lucky viene a significar buen rollo o buena onda, es acercarse a una pelÃcula de director, en este caso de Mike Leigh, y su particular forma de ver y contar las cosas. Leigh siempre es medido, mÃnimo en sus historias, casi casual a la hora de acercarse a ellas, entrando en un punto, en principio genérico, para una vez desarrollada la trama, acabar en otro punto igual de genérico. Es asà como lo que en verdad nos quiere contar queda soterrado por esta liviandad, como aparece camuflado entre el cúmulo de cotidianidades que se solapan.
Sus pelÃculas, de fuerte potencial humano, destacan por ésta cuidada sensibilidad. Ver una cinta de Leigh es acercarse, sea en comedia, sea en drama o comedrama, a un pedazo de vida, de uno o varios personajes, configurados con un realismo aplastante, cercanos, a su dÃa a dÃa, a sus miserias y felicidades, pero nunca desde el subrayado excesivo. Es por ello que, por lo menos yo, no suelo recomendarlas a la ligera, puesto que a muchas personas éste tipo de narrativa les choca o aburre, la de pequeños momentos aparentemente intrascendentes que se concatenan hasta configurar un mural más grande, que hay que ver en perspectiva. Y Happy no es una excepción.
La pelÃcula arranca en un punto cualquiera y acaba en otro, teniendo como grueso argumental, que se introduce con distraimiento aunque su finalización no lo sea tanto, las clases de conducir que la protagonista decide tomar. Es su relación con el absolutamente inaguantable, sumo maleducado y soberano estúpido de su profesor, alguien a quién dan ganas de darle un puñetazo en la cara, lo que pone a prueba el imperturbable optimismo de Poppy, quien se nos muestra, además, en su contrapartida Amèlieana, como un mujer nada tÃmida, sexualmente activa y emocionalmente disponible. Ah, y psicológicamente estable, que es importante. Tenemos tramas paralelas que configuran el particular universo personal de la protagonista, lleno de personajes de los barrios obreros de Londres, todos peculiarÃsimos y en general necesitados de lo que a Poppy le sobra, pero son historias que nutren y no beben de la principal.
Todo esto se debe a una finÃsima confección del guión, acertada y sucinta caracterización de los personajes, que no hablan de cómo son, sino lo demuestran, mientras sus diálogos, ágiles y abundantes, chisposos y medidos, son los que sostienen la atención y la acción.Qué decir de los actores, con la reina de la función, una Sally Hawkins que se llevó mejor actriz en BerlÃn ‘08 por este papel, muy merecidamente, y aunque en principio yo le veÃa más cara de perra que de otra cosa, es la que sostiene una sonrisa eterna en los labios de Poppy, cuando a otra se le caerÃa. Ella hace creÃble a ese alguien que es imposible y no deberÃa serlo, el antÃdoto al estrés y la depresión, la figura a contracorriente de los males endémicos de la vida moderna en las urbes grandes. En el otro extremo tenemos a Eddie Marsan, eterno secundario o incluso terciario, como el anormal de su profesor de coche. Dan ganas de hacerle algo malo y duradero, creedme.
Una cinta bajo mÃnimos sobre la felicidad más que una comedia sobre la misma, escondida en las rendijas de lo poco reseñable de una vida común, muy digna hija de su padre, Mike Leigh, que nos habla desde lo diario de algo que nos falta muchos dÃas sobre la mesa: una sonrisa.
PUNTUACIÓN: 7.5 / 10
LO MEJOR: Sally Hawkins. La función es suya.
LO PEOR: No compartir el optimismo de Poppy y la visión de Leigh. La pelÃcula será un sufrimiento para ti.
EL MOMENTO: Yo me quedo con las clases de flamenco.

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Muy buenas tus acotaciones anexas a la imagen… jajajajaj
Coincido contigo en la elección del momento: Las clases de flamenco son verdaderamente geniales