En el siglo XX, para la segunda mitad de la década de los 20 el cine ya había desarrollado un lenguaje propio. De la simple filmación de cámara fija y de la representación estática del teatro filmado de sus inicios se había pasado a la implementación del movimiento por medio de raíles y grúas, la incorporación de distintos tipos de planos, el desarrollo del montaje como medio para dotar de ritmo a la acción, etc. Sin embargo el cine estaba perdiendo atractivo para el espectador. El incremento del precio de las entradas o el estancamiento de los géneros se intentó paliar con rifas los sábados o con números de variedades entre proyecciones. Ni que decir tiene que este tipo de parches no mejoraron la situación de la estancada industria.

La Warner optó por arriesgarse y mostrar en pantalla un deseo perseguido desde que el cine había nacido: Dotar de sonido a las imágenes. Así, después de Don Juan, la primera película con una banda sonora sincronizada, se estrenó en 1927 The Jazz Singer ante el escepticismo de los demás estudios. El sonido se reproducía con un disco de acetato que funcionaba a la par que las imágenes. El éxito fue tremendo y marcó el camino a seguir por los demás en la industria. Asunto arreglado, se acabaron los problemas ¿verdad?, pues no, veamos por qué en una serie de puntos.

  • La cámara volvió de forma obligada al estatismo de sus primeros tiempos. El ruido que hacía al grabar obligaba a encerrarla en un cuarto insonorizado con un ventanal de cristal a través del cual se rodaba. Por otra parte debían esconderse los micrófonos en los lugares más insospechados para recoger las voces de los actores. Ambos problemas se solucionaron, por un lado con el desarrollo de equipos más silenciosos que liberaron de nuevo la cámara y por otro con la brillante idea de atar a un largo palo los micrófonos, que recogían entonces desde fuera de plano las ansiadas conversaciones, había nacido la denominada jirafa.

  • La labor del guionista se enfrentó a un reto también inédito. Desarrollar diálogos para los actores más allá de los carteles explicativos hasta entonces utilizados. Ni que decir tiene, fue un proceso lento que dio importancia ha este siempre castigado y menospreciado sector.

  • Hubo que invertir en el acondicionamiento de los cines, hasta entonces simples teatros reconvertidos en salas de proyección.

  • El método de sonorización inicialmente utilizado por Warner dejó pronto de manifiesto sus limitaciones, en forma por ejemplo de la habitual desincronización entre el sonido del disco y las imágenes a las que acompañaba. Esto se solucionó posteriormente cuando los demás estudios se asociaron (evitando así una nueva guerra de patentes) para desarrollar un método que incluyera la banda sonora en la propia película.

  • Las grandes estrellas del cine mudo, hasta entonces intocables y distantes dioses, sufrieron una terrible criba que dejó fuera de la industria de un día para otro a actores y actrices que no disponían de una voz acorde a la imagen que de ellos tenía el público (este apartado es tan rico que da para un futuro post hablando de casos particulares).

Como ven, el paso del cine mudo al sonoro supuso una adaptación dura y traumática en muchos aspectos. Pueden encontrar ejemplos de lo comentado en dos obras maestras de la historia del cine que se acercan al problema desde puntos de vista radicalmente distintos: Singin´ in the Rain y Sunset Boulevar (acertadamente titulada en España El crepúsculo de los dioses). De ambas películas se puede hablar mucho, pero dejemos que ahora simplemente sirvan de ejemplo ilustrativo.

En la primera podéis observar los problemas de adaptación técnicos y de guión a la vez que la difícil situación de las estrellas con una voz desastrosa. Todo desde un punto de vista hilarante.

En la emotiva película del gran Billy Wilder el enfoque resulta tremendamente dramático, con una antigua estrella del celuloide encerrada entre los muros de una ruinosa mansión y rodeada de los recuerdos de un pasado glorioso.