Planteada mi lista de las mejores europeas de los 90, justo es dejar también mis diez norteamericanas de esa década. Han resultado ambas igual de difíciles de confeccionar, mucho menos de lo que me va a resultar para esta presente década, en la que tengo ya mi lista hecha y me parece difícil que alguna sorpresa me la trastoque.

Como soy optimista, aunque muchos piensen lo contrario, quiero creer que las pocas respuestas a la anterior lista eran porque mucha gente estaba de acuerdo conmigo (…), y no porque no tuvieran ni idea de qué películas hablaba, o porque no les interesara el cine europeo. Nuevamente, esto es personal e intransferible, y son bienvenidas las quejas (razonables) y las listas ajenas. Si no llega ni lo uno ni lo otro, yo me sigo divirtiendo haciendo encaje de bolillos con algunas de las películas de mi vida.

Las 10 norteamericanas de los noventa

Por constituir el relato bélico más inclasificable de la entera historia del cine, con una narrativa y personalidad más allá de cualquier parámetro preconcebido, en un film irrepetible que con toda probabilidad es una de las películas más bellas y profundas que se han visto en una pantalla.

  • Unforgiven (Eastwood, 1992)

Por desmitificar y reconstruir la mitología del oeste americano desde una óptica que mantiene el equilibrio entre clasicismo y modernidad de forma admirable, a la vez que es la suma de las influencias de su director, y el comienzo de su plenitud total como cineasta, en una obra maestra sin paliativos.

  • El silencio de los corderos (Demme, 1991)

Aterrador y magistral filme, resuelto con sobriedad e inmediatez inigualables, para una historia gótica y sombría. Memorable interpretación de Anthony Hopkis para un papel que es un hito del cine, pero es imposible preferir algún elemento de la historia sobre otros, pues es una obra maestra.

  • Goodfellas (Scorsese, 1990)

Monumental y prosaica respuesta de Scorsese a The Godfather, logrando su mejor película hasta la fecha, en esta narración sobre la perversión del sueño americano. Tres décadas en la vida de unos personajes absolutamente fascinantes y plasibles. Su ironía y su paranoia redondean este film insuperable.

  • Titanic (Cameron, 1997)

Exquisita representación de una época y de la tragedia marítima más impactante que se recuerda. Cameron abandona el género en el que es el maestro indiscutible (la sci-fi) para alcanzar la maestría en el melodrama desatado, con una obra maestra ejecutada con total naturalidad y sin aparente esfuerzo.

  • The Shawshank Redemption (Darabont, 1994)

Magistral adaptación de un relato de Stephen King, para la primera película de su director, que alcanza verdaderas cotas de maestría en su oficio con la historia de un preso y su vida en la cárcel durante dos décadas; sin énfasis ni manipulaciones de ningún tipo, emociona y cautiva.

  • El Padrino, parte III (Coppola, 1990)

Excepcional salto al vacío de Coppola para un broche de oro a una trilogía esencial en el cine norteamericano, que la termina de convertir en la más grande aportación de esa cinematografía al cine mundial. El ocaso de Michael Corleone está tratado como si de una privada autobiografía se tratase, expresando la situación anímica de su director.

  • El sexto sentido (Shyamalan, 1999)

Presentación oficial de un director esencial en el cine de la última década, para una historia que aúna con gran talento lo espeluznante con lo compasivo, el horror con la esperanza. Es historia de fantasmas en pena es sublime por su sencillez, su sobria emotividad y su valiente y sobrecogedor final. Imprescindible.

Mucho más que una simple película de acción al uso, la arrolladora personalidad de su director, transforman este insulso relato de policías y ladrones en una búsqueda mística y sensorial del propio destino. Esta obra maestra incomparable atesora una fuerza narrativa que trasciende con mucho sus márgenes genéricos, para una experiencia emocional totalizadora.

  • Balas sobre Broadway (Allen, 1994)

Uno de los filmes más perfectos de Allen, que profundiza con gozosa ironía y cruel comprensión de la naturaleza humana, acerca de las necesidad y sentido de la fugura del artista, con uno de los más geniales guiones firmados por él en colaboración. Esta tragicomedia se alza entre las grandes de su tiempo.