No es esta una lista que inicie una serie de posts sobre las 10 mejores películas europeas de cada década. Me explico.

Si yo escribiera diez u once entradas sobre las 10 mejores películas europeas de cada década el lector tendría toda la razón en hacer una de las siguientes dos cosas, o ambas: lo primero tacharme de petulante y pretencioso, precisamente por pretender haber visto todo (o lo más representativo) de cada década, cuando no es cierto; y lo segundo acusarme de provocarle el aburrimiento haciéndome el interesante.

Yo no he visto todas las películas de la historia del cine (ni creo necesitarlo). Mi cinefilia extrema digamos que nació en los años 90, que fue además la década en la que yo fui adolescente y pasé a la mayoría de edad. En esa década vi cientos de películas europeas de muchas décadas, y la mayoría de los estrenos imprescindibles del cine de este continente. Por eso creo que puedo proponer una lista (a la espera de que cada cual proponga la suya propia, si quiere o puede) sobre las diez mejores de esa década. En pocos días propondré también las 10 mejores norteamericanas de los 90. Y si no hago las 10 mejores asiáticas o sudamericanas, por ejemplo, es porque no vi lo suficiente, ni entonces ni ahora.

Europa, tradicionalmente, ha sido la respuesta, la otra cara de la moneda, del clásico cine norteamericano. La década de los 90 fue febril y radiante en ese aspecto. Y la actual es una década mucho más pobre, en la que el cine de este lado del charco ha demostrado una decadencia incontestable. Ahí van mis diez, por tanto:

Las 10 europeas de los 90

  • Ça commence aujourd'hui (Bertrand Tavernier, 1999) - Francia

Por profundizar con extrema delicadeza y verdad en las entrañas de una región minera en crisis, proponiendo como protagonista absoluto a un maestro de guardería que se enfrenta a los múltiples problemas de las familias de sus pequeños alumnos. Obra maestra de su director.

  • Breaking the waves (Lars Von Trier, 1996) - Dinamarca

Por construir un melodrama insólito e insuperable, recuperando en parte el sentido milagroso del cine de Carl Theodor Dreyer, pero con una mirada contemporánea que equilibra sus influencias, y con un riesgo y destreza en su puesta en escena excepcionales.

  • Cyrano de Bergerac (Jean-Paul Rappeneau, 1990) - Francia

Por recuperar con profunda pasión y poesía el texto de Edmond Rostand rejuveneciéndolo, creando un Cyrano maravilloso y genial de mano de un intérprete del genio de Gérard Depardieu, rodeado de una puesta en escena que huye de los clichés para crear una obra maestra.

  • The Remains of the Day (James Ivory, 1993) - Reino Unido

Por construir un relato de profunda pero no aparente emotividad, en torno a un mayordomo jefe de una enorme mansión en la primera mitad del siglo XX y a la compleja y enigmática relación que le unirá con la ama de llaves. Ivory logra su mejor trabajo con esta excepcional película.

  • Festen (Thomas Vinterberg, 1998) - Dinamarca

Por iniciar con gran talento el movimiento dogma-95, que no es más que una apuesta radical por una puesta en escena despojada de todo manierismo y centrada en la verdad de la imagen; este relato en torno a una familia disfuncional es una obra maestra.

  • Secretos del corazón (Montxo Armendariz, 1997) - España

Por ahondar con sencillez y belleza en el mundo secreto de los niños, en sus miedos y descubrimientos, con hermosos parajes y localizaciones gallegos, en un relato complejísimo y abordado con la mayor de las transparencias.

  • Ladybird, Ladybird (Ken Loach, 1994) - Reino Unido

Por adentrarse en el terrible mundo de los suburbios del Reino Unido a través de la terrible situación de una madre que lucha con el sistema burocrático por retener a su hijo, todo ello mostrado con un estilo depuradísimo cercano a la imagen documental que estremece por su inmediatez.

  • I Hired a Contract Killer (Aki Kaurismäki, 1990) - Finlandia

Por elaborar con extremo talento una historia a medio camino entre la tragedia y el humor negro, con una atmósfera extraordinaria y una mirada fuera de toda norma, que hacen de este filme uno de los más raros y poderosos de la década.

  • In the Name of the Father (Jim Sheridan, 1993) - Irlanda

Por contar la verdadera historia de los 4 de Guilford sin manipular al espectador y con inigualable fuerza narrativa, amén de un grupo de actores soberbio y de gran intensidad comandado por un soberbio (una vez más) Daniel Day-Lewis.

  • Trois coulerus: Rouge (Krzysztof Kieslowski, 1994) - Polonia

Por cerrar de forma inmejorable esta trilogía y una de las carreras más importantes del cine europeo, contando la historia de una modelo que se adentrará en un terrible y transformador descubrimiento vital, con un estilo acerado y falto de todo divismo, en una de las obras maestras de su autor.