
Nada, que este año la selección de Venecia no enamora a nadie. Y cuantos más días pasan, más claro parece que estamos ante otra edición flojísima de una ‘muestra de arte cinematográfico’ (así es como se llama realmente este festival) que hace no muchos años rivalizaba con Cannes, y muchas veces les ganaba, en prestigio y filmes importantes. Pero claro, estamos de capa caída.
La única que ha sido bien recibida hoy en el Lido ha sido la producción etíope Teza, del realizador Haile Gerima, una cinta que relata una historia vasta y compleja, la de las últimas décadas y el rosario de desgracias, de Etiopía: la falta de libertad, la extrema pobreza. Ha habido aplausos y a juzgar por la media de la sección oficial, a nadie le extrañaría que dentro de cinco días estuviera presente en el palmarés.
El film ruso Paper Soldier, de Aleksey German Jr, no ha gustado, y eso que cuenta una historia la mar de interesante, centrada en la época del esplendor de la carrera espacial rusa, y de cómo se seleccionaban y asignaban los profesionales que volaban fuera del planeta, pero su recepción ha resultado más gélida imposible. Nuit de Chien, coproducción franco-alemana-portuguesa, ha resultado un tremendo fracaso en su pase de prensa, aunque su responsable, el director Werner Schroeter, hacía como que no iba con él.
Así las cosas, empezamos a estar seguros de que San Sebastián va a arrasar este año.
