La tercera película española a concurso en esta edición del festival de San Sebastián se ha presentado esta tarde en la concha, y si bien no ha enamorado a todo el mundo, la crítica la ha valorado como un importante esfuerzo dramático. Con Camino, Javier Fesser se aleja diametralmente del estilo de sus anteriores películas (las taquilleras comedias castizas La gran aventura de Mortadelo y Filemón y el Milagro de P. Tinto) y parece que ha acertado. Su historia narra la historia real de Alexia González Barrios (una dicen que convincente Nerea Camacho), una niña de 14 años aquejada de un tumor maligno. Es hija de una familia del Opus Dei, y Fesser aprovecha para hacer, según él, una radiografía de esta institución de la iglesia católica. Lo que más se ha destacado es la soberbia labor de un compacto reparto de actores. Se asegura que cualquiera de ellos podría llevarse un premio este fin de semana.

En comparación con la expectación que ha levantado este filme, el canadiense Maman est chez le coiffeur, de la realizadora Léa Pool, ha dejado gélida a la audiencia en su presentación, a pesar de tratarse de un melodrama que precisamente intentaba despertar emociones. En otro orden de cosas, ha llegado por fin Meryl Streep al festival, pues va a recibir el Premio Donostia; y Jonathan Demme, presidente del jurado de este año, ha presentado en Zabaltegui su película Rachel Getting Married, ya vista en Venecia.

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