chinos locos a cascoporro Un pistolero sin nombre llega un pueblo en busca de un tesoro legendario. En dicho pueblo, dos bandas rivales, los rojos y los blancos, viven en constante tensión en la búsqueda de ese mismo tesoro. El pistolero, implacable e infalible, vende sus servicios al mejor postor en pos de encontrar el tesoro. El drama no tarda en llegar a sus últimas consecuencias.

Inclasificable western del inclasificable Takeshi Miike, que tras su paso por diversos festivales consiguió unánimemente dividir a la crítica, causando asombro y algunas caras de esperpento por detalles tales como el cameo que protagoniza Quentin Tarantino en un papel que bate todos los records de frikismo establecidos por sus papeles anteriores.

el de las orejas de conejo es el mas chungo de todos, cuidao Tenemos entre manos el remake del spaghetti western Django de Sergio Corbucci que, en manos de Miike, adapta la estética propia del género con la cultural tradicional samurai. Así, las casas del poblado conforman la distribución típica de las poblaciones del lejano oeste, aún cuando en su decoración tanto interior como exterior la estética es netamente nipona. Los forajidos llevan pistola y katana, y sus vestimentas son de cowboys pero con estampados de dragones. Es un pastiche, pero todo funciona perfectamente.

La historia, a pesar de pecar del típico alargamiento del clímax, que viene a ser un mal endémico en el cine oriental de un notable tiempo a esta parte, se ve enriquecida por la extravagancia formal del despliegue técnico, y resulta una experiencia muy entretenida, con sus dotes de frikismo muy medidos, su drama no explotado en exceso, y escenas de acción muy bien rodadas, a destacar la fotografía, especialmente preciosista.

la mia, definitivamente, es mas larga que la tuya Si bien el ritmo es más nipón que americano, Miike intenta apropiarse todo lo que puede del modelo original y del género mismo al que termina sirviendo. Para ello, en V.O. los actores asiáticos hablan en inglés, lo cual termina siendo un fallo absolutamente garrafal. Dan la impresión de haberse aprendido las frases de memoria con un couch, con lo cual la empatía es complicada. Las gestualidades son forzadas, muy dirigidas por Miike, pero finalmente quedan baldías.

En definitiva, una propuesta altamente icónica de Miike, al que siempre hay que tenerle un poco de miedo, pero que sin él no sólo hubiera sido un fracaso absoluto, sino que muy posiblemente nunca hubiera existido.

PUNTUACIÓN: 6.75 / 10

LO MEJOR: Como pistoleros y samuráis quedan tan bien amalgamados, lejos de ser referencias, sino como mezcla de facto.

LO PEOR: el clímax debe ser, por definición, una ajustada y emocionante resolución de la trama. Eso Miike no lo entiende.

EL MOMENTO: ¿Conoces la comida del viejo Oeste? ¿No? ¡No te preocupes! ¡Quentin te la cuenta!