Cuando en 2005 Christopher Nolan acometió la deconstrucción y reelaboración cinematográfica del héroe de cómic creado en 1939 por Bob Kane, muchos esperaron que se recuperase el encanto y retórica de Tim Burton, después de las no muy bien recibidas aportaciones de Joel Schumacher al personaje. La sorpresa fue que su Batman Begins superó con creces el muy mal envejecido díptico, tan sobrevalorado, de Burton. Y lo hizo con un tratamiento que ignoraba a conciencia todas las taquilleras películas del vigilante nocturno, proponiendo una más estilizada, menos retórica y más sólida, aventura psicológica y existencial, de poderosa, pero más sutil, formulación plástica, y con ecos de poder elaborar una mitología más duradera y consistente.

Y así ha sido: The Dark Knight aprovecha los logros y hallazgos de aquélla y los multiplica, en un siniestro y sorprendente relato que asombra por una verosimilitud e ingenio pocas veces visto en una cinta de estas características, con varias de las mejores secuencias de acción y tensión vistas en mucho tiempo, con uno de los mejores repartos de muchos años de cine, y con un sentido de la tragedia moral y existencial elaborado con convicción y humildad.

Reincide Nolan aquí en la puesta en escena apenas ensayada o percibida en su anterior Batman: una puesta en escena sinfónica y percutante, sobria pero vibrante, que edifica secuencias de altísima precisión en la planificación y el montaje. Alterna diversos acontecimientos paralelos que acumulan una tensión insoportable, casi brutal, ayudado por un score (nuevamente de los grandes Zimmer y Newton-Howard) que supera el anterior, basado en ritmos emocionantes y en cuerdas inquietantes. Y como sinfonía existencialista y siniestra que es, avanza sin desmayo, sin apenas esfuerzo: las pausas son melodías sosegadas, las tormentas son movimientos musicales y visuales de inigualable fuerza narrativa.

Dos horas y media que se hacen cortas de acción, aventura, horror, dolor, pérdida y oscuridad. Un relato denso, plagado de grandes secuencias, de pequeños y desasosegantes detalles, de ideas inteligentes y sorprendentes, de silencios y de estruendos, que dejan al espectador literalmente agotado y satisfecho. Y todo gracias a un guión casi insuperable, escrito en plenitud de ingenio por los hermanos Nolan, enamorados de su historia y de sus personajes, de su talento y habilidades. Un ‘guión-río’, que va al grano sin subterfugios, y que sabe ocultar sus pequeñas debilidades en muchos momentos en que la suspensión de incredulidad resulta imprescindible.

El reparto

No recuerdo ahora qué largometraje (sólo me viene The Thin Red Line a la cabeza) acumula actores tan conocidos y de tanto talento. Bale está bien, cómodo y eficaz, pero la película es coral, y les da oportunidades de lucimiento a todos ellos, por breves que sean sus apariciones, por lo que su Bruce Wayne/Batman termina siendo lo menos relevante, por sorprendente que parezca, de la película. Los maravillosos rostros de Gary Oldman, Maggie Gyllenhaal, Aaron Eckhart, Morgan Freeman, Michael Caine, Eric Roberts, le roban todo protagonismo. Pero hay uno que será nominado a mejor actor de reparto póstumamente en los cada vez más insípidos e intrascendentes premios de Hollywood, y que es el verdadero protagonista de la película.

Grandioso Heath Ledger

La prematura y trágica muerte de este intérprete parece, ya definitivamente, habernos robado a uno de los actores con más raza y hambre del futuro cine norteamericano. Su Joker es un prodigio de audacia, imaginación y fisicidad. Inevitable resulta la comparación con el Joker de Jack Nicholson, y me temo que Ledger le gana la partida limpiamente al legendario y septuagenario intérprete. Todo lo que en Nicholson era obviedad, facilidades, en Ledger es dificultad, exigencia. Todo lo que en el fallido filme de Tim Burton era servidumbre hacia Nicholson, aquí es rendirse a la evidencia: lo que rodea al Joker es mucho más brillante que en el filme de 1989, más sólido, de más altura poética… pero es Ledger el que sitúa la película más allá, en la excelencia, a un relato tenebroso y sin concesiones, si soslayamos el bastante maniqueo y poco creíble final.

Su Joker es el súper-villano más cabrón que imaginar quepa. Un absoluto e invencible genio del crimen, que les da sopas con onda al fiscal, al poli y al murciélago durante toda la película, y es que el Joker de Nicholson tendría que reencarnarse media docena de veces para ser la mitad de imaginativo, despiadado y divertido que este bufón demencial, verdadero reverendo de la irreverencia, mesías de la anarquía, maldito psicópata asesino de masas.

Joker no quiere dinero ni poder, anhela la libertad absoluta…al precio que sea. Es el fantasma de los deseos reprimidos, es el maestro en darle la vuelta a las normas sociales, dejando en evidencia nuestras hipocresías, nuestras contradicciones, aprovechándose de ellas con la risa de la hiena que se sabe más lista y más voraz. Y Ledger le da cuerpo casi sin muecas, basándolo todo en unos ojos insondables, una risa diabólica y unos movimientos como de muñeco roto y estoico, sin divismos, sabiendo que está componiendo algo memorable.

Sólo Aaron Eckhart parece ser capaz de aguantar la avalancha de genio interpretativo de Ledger, y es que da la impresión de que si su Dos Caras hubiera sido el villano de la función y no el Joker, también estaríamos hablando en estos términos de él. Su trágico personaje emociona y es totalmente creíble en su transformación. Mención especial para unos efectos especiales y un maquillaje a su rostro realmente buenos.

Soberbia también la fotografía de Wally Pfister, un trabajo muy inspirado que continúa su excelente y premiada labor de la anterior entrega. El operador logra una imagen densa y sobria, en consonancia con la historia que quieren contar, pero que sorprende por su riqueza, su detallismo y su vistoso tenebrismo.

Sólo ese aludido y forzado (por manipulador y mentiroso) final al clímax de la persecución al Joker, en cuanto al tono y al discurso de esta gran película, y una pequeña confusión y precipitación en las secuencias de acción, impiden a ésta película convertirse en lo que podría haber sido: la Obra Maestra Suprema de la Sci-Fi y los súper-héroes (tan necesitados están en EE. UU. de ellos después del 11-S, cuyo recuerdo resuena una y otra vez en sus imágenes). Pero quizá no querían llegar tan lejos con la secuencia de los Ferrys…Una pena.

Pese a todo sigue siendo la crítica más larga que hemos hecho en Extracine este año (y puede que el pasado) a una película de estreno. Y es porque la película es impresionante, con sus pequeños defectos.