Muchos rumores han corrido de boca en boca desde que se anunció un proyecto en CGI para STAR WARS, incluso que habría una nueva trilogía realizada en animación por ordenador. Finalmente se supo que Lucas había producido una mini-serie para narrar los acontecimientos de las infaustas Guerras Clon justo después de lo que el gran Tarkakovsky había contado en su estupenda serie para la televisión en animación tradicional.

Finalmente se han estrenado los dos primeros episodios de esta nueva serie, unidos en un largometraje de cien minutos. El resultado es ciertamente estupendo. Recuperando una vez más el espíritu de un universo con sus propias leyes y mitos, este largometraje en CGI es todo lo espectacular y alucinante como cabría esperar. Es cierto que sabe a poco, pues la historia continúa, pero esa es también la esencia de este folletín…esperar al siguiente episodio.

100 minutos en los que la acción (una acción soberana, imponente) no decae jamás. Desde el principio hasta el final, prácticamente, nos vemos inmersos en una espiral de aventura infinita, para la que Lucas y sus chicos ha desplegado un virtuosismo formal sin paliativos. Es cierto que los primeros minutos uno anda bastante descolocado viendo a los antiguos personajes ahora en animación, pero en cuanto se acostumbra la mirada, parece que es lo más natural.

Y es que podemos empezar a pensar que el verdadero formato de STAR WARS es la animación. Con ella, se puede desarrollar con mucha mayor libertad y naturalidad este universo. Lucas (pues aunque no firme como director, todos sabemos que es el que ha parido la criatura) quizá debió nacer 30 años más tarde. Si ahora contara con treinta y pocos, y hubiera ideado en este momento su fantasía galáctica, estoy convencido de que lo habría hecho en animación, y en CGI.

Porque desde sus comienzos, Lucas ha luchado por ampliar de forma titánica los márgenes de representación y expresión en la pantalla. Si en 1977 contó la inverosímil historia de un contrabandista, un niño piloto, un anciano con poderes místicos, una princesa bocazas, dos droides antagónicos y un wookie peludo correteando por estaciones espaciales, es muy posible que si hubiera empezado ahora, habría asombrado al mundo de la misma manera.

Este hombre, más que contar una saga con una trama y unos personajes, más bien parece empeñado en fabricar la aventura místico-espacial perfecta. No sé quién dijo una vez que todos los directores hacen una y otra vez la misma película. Creo que tenía bastante razón, y ahí está Lucas para demostrarlo. A él le dan igual sus personajes, más bien. Cada nueva película de la saga antigua, y de la nueva, incluso esta serie CGI, como la de Tartakovsky, es un esfuerzo por conseguir lo que él considera un STAR WARS perfecto.

Algunos dirán que el guión es flojo, y otros que no se puede comparar su animación a Wall-E. Pues no creo que tengan razón. El guión es sencillo y eficaz: no hay más que aventuras. Una detrás de otra. Sin desmayo. Los diálogos son tan literarios como en toda la saga y las situaciones son puro STAR WARS. Parece una marca de fábrica.

Y la animación es sublime. No luchan por un realismo como en la preciosidad de Pixar, que roza el exhibicionismo, sino por una abstracción que favorece a los caracteres mucho más que la imagen real, por la sencilla razón de que Lucas, aunque es un genio, es un mal director de actores de toda la vida, y aquí por fin tienen un empaque y una solidez insospechada incluso en el Alec Guinnes de A New Hope (que está horrible, le pese a quien le pese…aunque a quién le importa).

La animación parece acercarse al expresionismo absoluto. Tenemos de nuevo encuadres forzados y tomas subjetivas de gran fuerza, que acentúan la sensación de vivir algo auténtico. En este título tenemos eso y mucho más. Deberían estrenar toda la serie en cine. Aunque que no se esperen mucha filosofía de momento los seguidores de STAR WARS…aquí sólo hay acción trepidante.