Con la boca abierta se ha quedado el mundo entero tras ver la gala inaugural de los juegos olímpicos de Pekín. Miles de periodistas de todo el mundo se han dedicado a saquear diccionarios de sinónimos para intentar plasmar en sus textos tan apabullante espectáculo.

El cineasta chino Zhang Yimou ha sido el máximo responsable del magno evento (mención también para las importantes labores de la vestuarista Eiko Ishioka y el escenógrafo Mark Fisher) consiguiendo con el brillante resultado uno de sus mayores logros creativos y estéticos.

No está de más recordar la conocida anécdota del estreno de su primera película en el Festival de Berlín de 1988. La inexistencia del cine chino para los occidentales hizo que Sorgo Rojo pasara totalmente desapercibida para los periodistas, que se quedaron a cuadros cuando esta ganó el Oso de oro a la mejor película. Tras la realización de un mea culpa por parte de los medios el joven cineasta chino se convirtió a partir de ahí en la punta de lanza de un cine asiático que aún hoy nos deslumbra con la calidad de su producción.

Zhang Yimou revalidó una y otra vez su imagen de estandarte con una filmografía sin apenas fisuras. irónicamente sufrió la censura de su país en varias ocasiones (creo recordar que la maravillosa La linterna Roja protagonizó uno de estos casos) siendo reconocido con el tiempo por el gobierno chino (y gracias al prestigio conseguido internacionalmente) como su más importante cineasta en activo. Supongo que abandonar los dramas rurales e intimistas en pos de la tradición de las luchas Wushu, las preciosas coreografías aéreas y los movimientos de masas de extras (La maldición de la flor dorada ya mostró parte de lo que veríamos en la inauguración) acercó a Yimou al puesto que ha encarnado en la organización del importante evento olímpico.

Reivindico así este espectáculo de más de tres horas y media como un punto culminante en la última tendencia artística de su creador. La pregunta que me hago es: ¿seguirá Zhang Yimou en su próxima película el mismo camino de estos últimos años o retomará, después de tal empacho, el tono de sus anteriores obras?. Ya veremos si el cheque en blanco del que presumiblemente dispone en estos momentos condiciona su decisión.

Enlace a más imágenes: The New York Times