
Bryan Singer es uno de esos directores que demuestran uno de mis más antiguos axiomas: “para ser mediocre tienes que ser un genio”. Lo que viene a ser que por muy brillante e ingenioso que seas, por mucho que sepas de cine, puedes ser solamente un mediocre. Tampoco es tan malo, teniendo en cuenta que el 99 % de los mortales son un minúsculo grano de arena en la playa mientras que otros como el propio Singer dirigen y producen, y viven a todo tren, y alguna que otra película suya está bastante bien. Es decir, que para ser un genio de verdad, un gran artista, podemos hacernos una idea (o quizá nunca nos la hagamos) de la combinación cósmica que tiene que producirse.
Este hombre es la eterna promesa, el profesional con perpetuo rostro adolescente, que se ha hecho un hueco en la industria a base de trabajo duro y de demostrar que sabe lo que hace, y eso es decir mucho en el Hollywood de hoy día. Sospechosos Habituales estaba bastante bien, y era casi su primera película, después de la desconocida Public Access. El joven director podría haber desarrollado una carrera interesante, pues tiene dotes para el cine negro y la acción, pero se cruzó en su vida X-Men. La primera algo tímida, la segunda muy sólida, muy digna.
Ahora ya no es un director del mal llamado ‘cine independiente’, sino un artesano de Hollywood, un director a sueldo, que si tiene suerte y demuestra talento puede hasta adquirir cierto margen de maniobra para decidir proyectos y darles forma. Uno más. Su tropiezo (por confiado y petulante) con la olvidable Superman Returns le ha dejado ahora en una situación comprometida. Es lo que tiene lidiar con las grandes majors norteamericanas: hoy eres su chico y mañana un apestado. La pesadilla que amenaza en convertirse Valkyrie y el más que probable nuevo error con la secuela de su Superman pueden terminar de rematarle.
A Singer se le relaciona absolutamente siempre con una de las series más importantes de la actualidad, House M.D., hasta tal punto que muchos creen que es co-creador de la citada serie.
Singer no es más (ni menos, ciertamente) que uno de los productores ejecutivos de la serie. Por tanto tiene poder para decidir (y más aún para cobrar), aunque el auténtico creador es en verdad David Shore, padre del famoso personaje, realmente el Sherlock Holmes del siglo XXI. Singer sólo ha dirigido tres episodios y muchos aducen por ahí que si House a llegado a ser lo que es en gran parte es gracias a él. Nada más lejos.

House M.D. es una serie que roza el techo de lo genial en la mayoría de sus episodios y que cada temporada alcanza la hazaña de ser mejor. En plena época dorada de las series, muchos no la consideran del mismo rango que, por ejemplo, The Sopranos, Six Feet Under, The Wire, Dexter, Lost…cuando en realidad muy a menudo puede batirlas en puro ingenio.
Con unas posibilidades visuales y de puesta en escena mucho menores que las citadas series (algunas, como Six Feet Under, obras maestras del arte universal…así, tal cual), con una trama que por fuerza ha de someterse al yugo del arquetipo de un caso médico, House M.D. demuestra a golpe de imaginación, chispa, gracia, verborrea, existencialismo creíble, sutilísimo discurso moral, asombrosa dirección de actores, fuerza emocional, momentos antológicos, que sus responsables son gente de grandísimo talento. Y su factura audiovisual se ha ido enriqueciendo y perfeccionando aún más con el paso de los años.
Los tres episodios dirigidos por Singer, sobre todo los dos primeros, han sido ampliamente superados por profesionales anónimos. Singer se emplea a fondo en ellos con toda su retórica y su complacencia de ‘famoso director de cine’, y no logra gran cosa. La fotografía recuerda sobremanera los extraños y absurdos saturados de Superman Returns, con unas sombras que afean el plano, y una profundidad de campo inexistente. No se puede comparar a episodios magníficos, sobresalientes, de la segunda, tercera y cuarta temporadas.
No me cabe duda de que House M.D. es extraordinaria, y de que Shore, y un maravilloso equipo de guionistas, fotógrafos y directores, formando piña, son verdaderos artífices de ello. En EEUU, un director con poder y olfato puede meterse y dar empuje económico a un proyecto como House, pero esta no parece una de esas veces en que deja impreso en él su personalidad.






Habría que hacerle un seguimiento a esos directores desconocidos de algunos de los mas grandes capítulos recientes de la televisión. Un ejemplo serían Los Soprano, como la propia A seis metros, porque quien haya dirigido el último capítulo de la temporada pasada de House es para seguirle la pista, aunque no se si es más culpa de Shore y el guión, que de quien lo dirige.
Mierda, eso me pasa por no fijarme en los títulos de crédito.
Por cierto, Rodrigo García está detrás de muchos de los buenos capítulos de Los Soprano, creo que Campanella también y no se si Cuarón, hablo de memoria, como el propio Rodrigo estuvo por completo entregado a In treatment. Sin duda, lo mejor visualmente está en la televisión ahora mismo.
Hola, amigo Antonio:
¡Hay que fijarse más en los créditos!
Fuera bromas, en la tele están haciendo muy bien las cosas en EEUU. Más continuidad y más beneficios. A ver si siguen así.
Abrazos