Después de recorrer exitosamente escenarios de medio planeta en su formato teatral, el verano del 2008 marca el trasvaso del musical Mamma Mía! al formato cinematográfico, siguiendo la racha de películas de este tipo que tenemos de un tiempo a esta parte.
Sophie, a punto de casarse con el amor de su vida, Sky, y con la incertidumbre vital de no saber quién es exactamente su padre, invita en secreto a los 3 posibles progenitores a su boda en el hotel que regenta su madre en una idílica isla griega. Esto ocasiona más de un quebradero de cabeza a todos y cada uno de los implicados.
Cuando alguien se acerca a ver una cinta como ésta debe de tener muy claro qué es lo que va a ver: una sucesión de canciones, en este caso con el reclamo de ser del mítico repertorio del grupo Abba, más o menos hilvanadas por un sucinto argumento que las justifique con más o menos acierto. Y este caso la propuesta se ciñe a esos parámetros de una manera total.
La historia es absolutamente de menos. En esta función lo que prima es mucho baile, mucho color mediterráneo (azules y blancos a veces artificialmente retocados) y todas las canciones que se puedan meter, en muchos casos con calzador si es preciso, con el valor añadido de ver y escuchar a los pesos pesados interpretativos que las cantan, comandados, cualitativamente, por Meryl Streep, Stellan Skargard y Julie Walters, o siguiendo criterios más populares, por Pierce Brosnan o Colin Firth. Aunque finalmente ambos baremos den igual, estando todos sobreactuadísimos, gesticulando hasta el dolor muscular, siendo el grupo de mujeres un cúmulo de histéricas y los hombres una pandilla de hormonas con patas.
Eso sí, se nota que el reparto al completo pasó unas semanas de absoluto y total escándalo, cobrando y con los gastos pagados, en medio del mediterráneo. No van a estar desatados/as….
La propuesta es absolutamente roma, cualquier arista que pueda pinchar se ha limado hasta el límite. No sólo es políticamente correcta hasta llegar a lo peligrosamente rancio (todos se besan repetidamente menos los gays, cuidado), sino que la película se mueve a golpe de azúcar, de modo que incluso el medio drama del nudo resulta bonito y cualquier cabo que se precie debe acabar orgásmicamente feliz, aunque eso implique que un personaje que huye de la libido de otro por los tejados al minuto, golpe de guión mediante, le falte meterle la mano por debajo de la falda.
La directora Phyllida Lloyd, prestigiosa por su labor en el terreno de la ópera, con una película de televisión previa en su currículo, se muestra torpe a la hora de darle energía y pasión al espectáculo. Si los números musicales gustan, es por la música, no ya por las voces de quienes las interpretan (uy, Meryl, tía, lo siento pero no) o por cómo está rodada, de una manera muy rígida, o montada, justa pero poco más. Un musical debe moverte no sólo por lo que escuchas, sino por lo que ves, y más en una comedia musical, un fallo que comparten cintas de este tipo recientemente, como el torpe Fantasma de la Ópera del cutre de Schumacher.
En resumen, Mamma Mía! es una propuesta que podía haber dado mucho más de sí, no ya por historia, aunque sí por realización o interpretación, pero que finalmente no engaña a nadie, da lo que promete: canciones de Abba. Hasta que revientes.
PUNTUACIÓN: 4.5 / 10
LO MEJOR: Las canciones de Abba. Pero eso no es mérito de la cinta.
LO PEOR: Es demasiado pobre en aspectos que no se le pueden perdonar tanto a una película en general como a un musical en concreto.
EL MOMENTO: Personalmente, las dos canciones que canta el reparto, totalmente caracterizados como Abba, durante los títulos de crédito finales.





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