

Sin lugar a dudas el documental es el género más importante de la actualidad. Sólo en él tenemos un arte cinematográfico combativo, activista, que persigue mostrar una realidad social, mundial, universal. Con él los cineastas se sienten más libres no sólo para tratar temas de gran complejidad y relevancia, sino también para experimentar en estructuras y sintaxis narrativas impensables en un cine comercial de ficción.
Y la oportunidad que han tenido los directores David Leaf y John Scheinfeld para retratar la labor polÃtica de Ãndole anti belicista de uno de los mártires del siglo XX, John Lennon, no la han desaprovechado con un magnÃfico trabajo documental de entrevistas y de archivos históricos que indaga con buen gusto, humildad y un gran montaje, en los últimos años del artista que puso en jaque la labor de represión social de Hoover, Nixon y otros sujetos de su calaña, para quienes la democracia consistÃa en eliminar sin escrúpulos ideas y personas portadoras de ideas que pusieran en peligro su tinglado. Un tinglado que dura hasta el dÃa de hoy con la abyecta, y parece interminable, guerra de Irak.
Resulta impresionante, a falta de otro calificativo mejor, cómo los cineastas responsables de éste filme elaboran un mosaico histórico (pleno heredero de las revoluciones intelectuales y sociales sesentayochistas francesas que ahora cumplen 40 años, y es que nada ocurre por azar) en el que se nos revela nÃtido y clarificador el paisaje moral y polÃtico de una época convulsa y apasionante, la respuesta a un creciente fascismo en el gobierno de U.S., que se formuló en la década más importante del siglo a todos los niveles (años 70), y que aunque pareciera que nada ha conseguido, pues seguimos igual o peor que entonces, ahà quedo como un signo de rebeldÃa, de protesta, de exigencia de un cambio de rumbo en un paÃs que hace ya mucho perdió su inocencia y su dignidad.
The U.S vs John Lennon no mitifica, no glorifica, no pretende manipular ni enmarcarse en una ideologÃa. Más bien pretende hacer pensar, pretende arrojar un manojo de dudas y de cuestiones sin resolver en torno a la muerte del mÃtico activista. No es por tanto un estudio de la persona sino, como indica el tÃtulo, el relato de la lucha de un gobierno contra una figura de extraordinario carisma y capacidad de comunicación como lo era Lennon, al que se acerca con una mezcla de ternura y compasión.
Es interesantÃsimo cómo te argumenta en favor de la idea de que fue bastante manipulado desde su llegada a NY, para quedarse a vivir allÃ. Y es fundamental la sutil pero innegable sospecha que deja sobre la mesa de que su muerte no fue para nada un acto incidental. No hacÃa falta que nos dijeran que la muerte de Lennon, como la de Malcolm X, la de Kennedy, la de Fred Hampton, la de Martin Luther King, no tiene nada que ver con la acción de un descerebrado solitario. Siempre son descerebrados solitarios los que asesinan, en ese paÃs enfermo, a los lÃderes del pensamiento anti-sistema, pero es gratificante observar con qué criterio van estableciendo no una teorÃa de la conspiración, sino una verdad incontestable que enfurece e indigna, pero que al mismo tiempo libera de complejos de paranoias.
Imprescindible no sólo para los seguidores de este artista y para los degustadores del cine documental, sino también para los que ansÃen conocer cómo funciona este mundo, que es casi siempre el peor posible. Esperemos que con Barack Obama se rompa el maleficio, y no resulte asesinado por un manÃaco depresivo, aunque parece improbable.

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