Entre cierta gente está extendida la idea de que una mala crítica puede destrozar una película. O de que una mala crítica ofende a los espectadores y cinéfilos que la han visto y han disfrutado con ella. Decir tal cosa, pensarla, es negar la capacidad de la crítica para incitar a la reflexión y para descubrir niveles ocultos de una obra estética. Por tanto: ¿para qué siguen leyendo críticas?

También existe la manía de pensar que un buen crítico lo es en la medida en que uno esté de acuerdo con él. Es decir, según éste razonamiento, todo aquel que piense distinto a mí, no sólo está equivocado, sino que es un idiota, o algo parecido, y desde luego no merece tener la oportunidad de ser leído. Ese tipo de reacciones me hacen pensar en lo que dijo Chaplin cuando le preguntaron si era comunista: “intentar clasificar a la gente por su manera de pensar lleva al fascismo”. Sin llegar tan lejos como éste maestro de maestros, que fue acusado de comunista durante la Caza de Brujas maccarthysta, yo diría que clasificar a la gente por su forma de pensar te lleva a perderte muchas cosas.

En ningún caso una crítica negativa, o incluso destructiva, puede hacerle algún daño a una película. Si la película realmente no es válida ni tiene vigencia, al cabo de los años nadie se acordará de ella. Y nada habrá tenido que ver con las críticas de ‘los que no tienen ni idea’. Y si la película ha influido en la narrativa cinematográfica, ha abierto ventanas a formas nuevas y aún así clásicas, ha sabido mantenerse joven y viva, pues será por sus propios méritos, y ningún comentario negativo (o positivo) habrá tenido algo que ver al respecto.

Éste post pretende (como casi todos los que escribo aunque algunos crean que me impulsa la mala leche) hacer pensar y promover al debate: la labor de un crítico, sinceramente, es muy desagradecida. Y lo digo con conocimiento de causa. Se escribe con pasión o con ira (que es igualmente agotadora) sobre algo muy importante para el autor, y en internet, por ejemplo, se está expuesto a comentarios de personas a menudo maleducadas, intransigentes y sin preparación. No creo que la mejor forma de profundizar en el fenómeno llamado ‘cine’ sea entrar en la descalificación o ceder a fanatismos.

La labor de un crítico es ardua: predecir el futuro, arriesgar predicciones, descubrir talentos, invitar a la reflexión sobre cuestiones estéticas, establecer un criterio coherente y un discurso reconocible, preocuparse de que no caigan en el olvido piezas o cineastas importantes, defender lo arriesgado y soslayar lo trivial, destapar lo falso y manipulador, orientar al primerizo, escribir bien (pues para considerar a un crítico como valioso también se puede valorar su trabajo literario), desentrañar los motivos de un autor, acercar lo más difícil a las mentes perezosas, no caer en fanatismos, ser un experto en las influencias y en el juego de espejos que casi siempre es el arte…

¿Cómo descubrir, cómo saber, quién es un mal crítico, bajo mi punto de vista? Quizás el que acude al cine con prejuicios, generalmente. Esto es: el que intenta ver en la película otra cosa que no es la película, protestando porque la pieza no ha cumplido expectativas preconcebidas (es difícil ir con la mente abierta a una sala…y más aún si sólo se va para pasarlo bien el fin de semana). El que se siente más inteligente que un espectador común: un crítico no es más inteligente, sólo tiene la mirada adiestrada, que no es lo mismo. El que cree que sólo un tipo de cine (por lo común el ‘narrativo’) es válido. El que intenta ganarse el favor de los lectores. El que no es capaz de ofrecer un punto de vista personal (lo más personal posible) sobre la obra. El que sólo ha visto películas pero ha leído poco, ha visto poco arte clásico… El que es incapaz de enclavar una obra determinada en su contexto histórico y social determinado.

Tampoco son buenos críticos los que caen en expresiones grandilocuentes, a palabras cliché entre los colegas, o los que pasan del halago desmedido hacia una cinta, al ataque despiadado en la siguiente. Escribir sobre cine, como escribir en general acerca de cualquier tema o en cualquier disciplina creativa, es algo de gran responsabilidad.

Sigo pensando que la crítica es más necesaria, con éste caos formal y narrativo en que vivimos, que nunca. Los cineastas que no quieren saber nada de la crítica suelen ser aquellos a los que años después les encanta que un equipo crítico le escriba un volumen o le dedique un número de una revista de prestigio. La crítica es el amor por el cine, por el arte, de cinéfilos cultos que escriben muy bien, que dejan constancia de tendencias, cambios y necesidades, y que le descubren al lector que no está de acuerdo con lo que escribe aspectos vitales de la obra que ellos desprecian.