Con las calores veraniegas, las vacaciones para aquellos afortunados que las tengan, y la flojera que la combinación de ambas producen, es un momento más que idóneo para recuperar cintas que gracias a los inescrutables caminos de las distribuidoras españolas, duermen el limbo de los justos.
Cintas, quizás no redondas, pero sí lo suficientemente interesantes como para que cada uno ponga los mecanismos apropiados en funcionamiento y las obtenga. Y es por ello que nacen los recupéralo como puedas. Porque sí que se puede. Versión original subtitulada, por supuesto.
En 1973, Bruce Lee muere dejando huérfanos a una legión de fans incondicionales y sólo 12 minutos rodados de la que iba a ser su gran obra maestra: El juego de la muerte. Pero no sólo los aficionados a las artes marciales lloran su pérdida, los productores también. Es por ello que se lanzan a la búsqueda del doble perfecto de Bruce Lee para completar el metraje restante y poder sacarle rendimiento económico al producto. En el casting, la mayor reunión de freaks chanantes y esperpénticos que uno pueda concebir, los ilusionados aspirantes lucharán por conseguir su sueño y aprender de qué va realmente el juego… de Hollywood.
Ese es el argumento de la película, rodada a modo de falso-documental, con las posibilidades cómicas que eso supone (y si no me creen, ya están consiguiendo la extraordinaria serie The Office, posiblemente la mejor comedia en parrilla), que no difiere mucho de lo que realmente pasó. En 1977, con un argumento nuevo que fagocita la trama original, aprovechando el metraje rodado por el auténtico reclamo del film, el sr.Lee, y con, no uno sino dos, dobles suyos, se estrena una versión acabada, absolutamente oportunista, cutre e innecesaria.
Justin Lin, director y guionista de la película que nos ocupa, previamente había llevado las riendas de cintas tan relativamente apreciables como Annapolis o la tercera entrega de The Fast and The Furious, Tokio Drift. Pero es aquí donde le vemos soltarse la melena, tanto temática como estilísticamente. Cuando se centra en el casting, son los tiernamente estúpidos personajes los reyes de la función. Seres menores, absurdos, tratados con mucha sátira, pero con los que es imposible no encariñarse. A través de sus declaraciones, de sus confesiones soltadas sin querer, de lo que oímos al espiarlos y de lo que dicen los demás de ellos, no podemos parar de reír con la ácida mirada que Lin lanza sobre el mundo que desarrolla, desde los estereotipos raciales a los ridículos mecanismos de la meca del cine.
Cuando nos deleita recreando escenas de películas de lucha de los 70, es ya un despiporre de disfraces horribles, zooms imposibles, sobreactuaciones alucinantes y un olor kitsch de los que tumban. Yo no podía parar de reírme.
Una cinta ligera, entretenidísima, que hará las delicias tanto de los incondicionales de la comedia absurda como de los del cine de artes marciales. Aquí no se salva nada ni nadie, porque el juego debe terminarse.
PUNTUACION: 7.5 / 10
LO MEJOR: Los personajes. Cada cual más pasado de rosca que el anterior.
LO PEOR: Acercarse a la cinta con prejuicios.
EL MOMENTO: El casting final. Los aspirantes que consiguen llegar a él son la muestra perfecta y ejemplificante de la completa chorrada que es todo el proceso.

