Debido al reciente estreno de The happening , la última película dirigida por el famoso e incomprendido M. Night Shyamalan , cuya campaña de marketing ha sido tan brillante (al menos ‘a priori’) como acostumbra a desplegar el director hindú, podemos hacer un repaso a las bondades, y equivocaciones, de la publicidad con que nos vende sus películas.

Equivocaciones porque estoy convencido de que la razón de que muchos espectadores salgan desencantados de la proyección de sus últimas películas es porque creen que van a ver otra película muy diferente a la que finalmente obtienen. La culpa es del tráiler, de sus avances y de sus carteles.

Antes que nada, una afirmación personal: todos sus carteles me parecen singularmente inspirados, de gran belleza plástica; y sus tráilers, salvo excepciones, creo que están muy bien montados y ejecutados. Pero observemos ésto:

De acuerdo, en ésta ocasión, como en las tres películas anteriores, gran parte del discurso sobre el miedo que significa este relato se desvela al final (donde se descubre el porqué de todo). Pero es cierto que uno espera ver una cosa bien distinta. No es cuestión de esperar de Shyamalan, como hace mucha gente de forma egoísta y errónea, otro El sexto sentido , sino de esperar lo que está vendiendo.

Es como si nos vendieran un tipo de cine, para luego darnos otro. Bajo mi punto de vista, el error de Shyamalan consiste en querer vender un cine muy de autor, muy artístico, como un blockbuster. Tal cosa puede funcionar, hasta cierto punto, con piezas de género (también de autor, pero con pocos puntos muertos), como Signs . Aquella película sí se podía considerar de horror, mientras que The village , aunque tiene un par de momentos de horror, no puede considerarse como horror, sino un cuento con moraleja.

Es lo que pasó con La joven del agua , que se vendió como un nuevo E.T. (y ciertamente, en su estructura parece un nuevo E.T. personalísimo), y es un sincero discurso estético y moral, que se olvida durante buena parte de su metraje de los cuentos de hadas, para zanjar venganzas con la crítica y la industria, en un conjunto algo deslavazado aunque estimable.

Y es lo que pasa ahora con un thriller mucho más rotundo pero tan personal como todas las suyas, como es The happening , donde ya por fin se olvida de sus vueltas de tuerca y sus discursos de salón para hacer lo que mejor sabe: construir secuencias de gran atmósfera y tensión. Pero claro, viendo su tráiler, son esperables algunos comentarios que nos dejan. Realmente, parece que vamos a asistir a una montaña rusa de suspense, y no al intimista estudio del miedo y de la mirada que propone el director.

Quizá es lo que todo artista profundo desearía, poder vender sus películas como si a todo el mundo fuera a gustarles. No es que me parezca mal, pero no es muy lícito venderlas como si fueran otra cosa que lo que verdaderamente son. Ahí Shyamalan, director personalísimo y fuera de toda norma, se revela un astuto mentiroso.