No tengo nada en contra de los ‘remakes’, sobre todo si superan o son capaces de sostenerse frente al original. Sí, es cierto que la mayoría no tienen otra razón que la comercial, pero las Reescrituras, que es un nombre más apropiado, resultan a menudo fascinantes, paradójicas, estimulantes e intrigantes, por muy fallidas o mediocres que resulten.

En eso de los remakes o Reescrituras, quizá el director más célebre que haya gozado de Reescrituras más célebres, haya sido uno de los más grandes artistas del siglo XX: Akira Kurosawa. Nunca me pongo de acuerdo conmigo mismo en cuál de sus obras maestras (para mí tiene 10) es la mejor película que ha hecho, porque quizá ésta fuera la mejor película que jamás se ha realizado.

La que más a menudo me parece su obra cumbre es Shichinin no Samurai, bien traducida como Los 7 samuráis.

Su película conocería un ‘remake’ hollywoodiense seis años después de ver la luz. Sería un western (preludiando a Leone), dirigido por el artesano John Sturges y titulado The magnificent seven. De nuevo 40 bandidos y siete héroes, pero, en lugar de katanas, revólveres. Ahora bien, lo que en la sublime película japonesa era un terrible mosaico respecto a las desigualdades sociales, a la violencia como salvación y como perdición, en un retrato nada cómodo del corazón humano, en el western se queda en una digna aventura.

La película americana tiene una música bien famosa, y algunos diálogos muy potentes (“me habían ofrecido mucho dinero antes, pero nunca me lo habían ofrecido todo”), sin embargo hay en ella un aliento conservador que tira mucho de espaldas y que ahora, en pleno siglo XXI, canta ópera. Su mensaje desmitificador del pistolero y dignificador del campesino se torna como un mensaje de ensalzamiento de la familia tradicional, del agachar la cabeza y producir como uno más.

Pero lo que debe ser muy molesto, sobre todo para la gente mexicana que vea la película, es el hecho de que los campesinos que van a pedir ayuda a los pistoleros sean unos pobres mexicanitos, incapaces de defenderse de los bandidos, y que los únicos mexicanos capaces de empuñar un arma sean todos unos criminales. Ésto viene a ser como un sentido de superioridad yankee, que quien conozca bien la historia de la frontera de EEUU con su vecino del sur sabe que es bien falsa.

Está un maravilloso Steve McQueen, un correoso James Coburn y un mistico Yul Brynner, entre otros. Pero aunque no dudo que en su época éste filme fuer considerado un clásico, esá claro que hoy no pasa de un entretenimiento infantil, sin más.

La película en la que se basa cuenta con unos portentosos Takashi Shimura y Toshirô Mifune, como los dos personajes más importantes y fascinantes de la película. Como aventura, tanto física como emocional, es insuperable. Pero también alcanza un realismo social de gran calado, describiendo la miseria humana como pocas veces se ha visto en una pantalla, compitiendo incluso con el neorrealismo italiano.

A lo largo de tres horas y media que se hacen muy cortas, asistimos a un viaje pausado y sentido hacia ninguna parte. Hacia la sin razón que algunos consideran heroicidad o incluso bondad, pero que convierte a los que la practican en unos solitarios, en cáscaras vacías. En la película americana luchan por mucho menos dinero que el habitual. Pero aquí luchan por tres comidas, consistentes en arroz. Pero es que el arroz es todo lo que tienen, no pueden pagar con otra cosa.

En la película americana hay un aprendiz de pistolero que quiere imitar a su héroe Brynner. Es valiente pero algo inexperto, y termina siendo un niñato insoportable. En la japonesa Mifune es un falso samurái, un don nadie, un mendigo con una espada que no sabe utilizar y que se ofrece voluntario para ayudar, aunque nadie le respeta, pero terminará ganándose el respeto de todos y en la conclusión será el verdadero símbolo de lo que cuenta la película.

Los 7 samuráis es una de las más terribles y emocionantes obras maestras de todos los tiempos, y su Reescritura…pues eso.