Me confieso admirador irredento de Steven Spielberg. Varias de sus mejores películas han significado, o significan, mucho en mi memoria cinéfila. Quizá por eso, cuando mete la pata, o se le nota desganado, me provoca una mayor irritación y me desilusiona más hondamente. El caso de la adaptación del original homónimo de Michael Crichton, estrenado hace ya 15 años, pertenece al segundo grupo.

A priori, la trama de Sci-Fi de ésta novela, era perfecta para ser llevado a la gran pantalla por el mejor Spielberg. A principios de los 90, la tecnología de integración de criaturas creadas por ordenador había logrado progresos sorprendentes. La novela era vibrante, oscura, crítica y escrita con solvencia, y el argumento (una isla concebida para ser un gigantesco parque temático de saurios que se les iba de las manos a sus dueños) parecía prometer.

Sin embargo, qué gran decepción…

Venía Spielberg de dos fracasos consecutivos de crítica y público. En las Navidades de 1989 Always patinaba en taquilla y la crítica le ignoraba. Pero tampoco era una gran inversión económica ni representaba un importante proyecto personal. Sí lo era Hook, un proyecto bastante caro y una adaptación personal de un texto legendario. Su Peter Pan debió haber sido una de sus grandes películas, pero un guión desastroso y una concepción errónea convirtieron aquél film en el peor de su filmografía.

Comprados desde hacía un tiempo los derechos de Schindler’s list, que tras ofrecer a Scorsese terminaría dirigiendo él mismo, Spielberg necesitaba redimirse en taquilla. Y se puso las cosas fáciles. El libreto de Crichton y David Koepp vulgariza hasta extremos inconcebibles un texto que daba mucho más de sí. Y todos sabemos de su espectacular campaña de marketing, y de los resultados en taquilla. Ahora bien, como aventura, deja mucho que desear.

Casi desde la primera escena, una estilizada secuencia de suspense, con un raptor al que apenas vemos y que provoca una masacre, comenzamos a advertir que algo le falta a ésta película. La presentación de Alan Grant y Ellie Sattler (unos apagadísimos, espantosos Sam Neill y Laura Dern, que demostraron ser grandes intérpretes en otros filmes) no puede ser más intrascendente.

Al poco llega un irreconocible Richard Attemborough, que da cuerpo a un John Hammond que nada tiene que ver con la novela y cuya personalidad resulta irritante, incomprensible y falta de toda chispa. Y arranca una aventura que en ningún momento engancha al espectador que quiera algo más que espectaculares dinosaurios en 3D.

¿Dónde está el Spielberg de Jaws? En casi ningún lado. Las secuencias de la fuga del Rex, con su gran ritmo, y el acoso de los raptores a los niños en la cocina, son dos espejismos que no consiguen sino hacer más patente la falta de tensión y fuerza narrativa del resto del espectáculo. El final, con el Rex entrando en el gran Hall y peleando con los raptores, da vergüenza ajena. Da la sensación de que Spielberg no se cree lo que está contando, que lo único que quiere es revalidar su conexión con el espectador. Pero la maestría de Jaws está tan aguada que uno se pregunta si realmente es el mismo director.

Es más susto fácil que tensión contenida, en un conjunto de ingenio visual muy pobre, que aunque cuenta, una vez más, con una gran partitura musical de John Williams, se ve incapaz de ofrecer algo realmente poderoso. En comparación con éste filme, El mundo perdido, estrenada cuatro años después, posee un segmento, comprendido entre el ataque de los dos Rex en pareja hasta el ataque de los raptores, bastante digno y que sí es una puesta en escena de acción a la altura de lo que se espera de éste hombre.

Si a todo esto le añadimos la entrega sin ambages a la ñoñería más inaguantable en lo referente a los críos protagonistas, pues no comprendo cómo alguien puede defender éste aburrimiento soberano, que nada aporta a la Sci-Fi ni a la narrativa de aventura, y que el propio Spielberg no se ha esforzado por defender en ninguna rueda de prensa.

Pero ninguna de las dos películas configuran algo importante, estéticamente, dentro de la filmografía de éste gran hombre de cine, que ha conocido una importante e inesperada madurez en la presente década. Quizá han hecho falta tropiezos como éstos para llegar a ella.