Con todo eso de que David Fincher es un gran director, que lo es, y con eso de que las escenas submarinas bien hechas son una pasada (y lo son en la película de Jeunet), pues muchos pasan por alto el tremendo estropicio que se le ha hecho a una saga que prometía ser la cumbre de la Sci-Fi/Aventura. No pienso hablar de esa porquería de saga que es AvP…comparadas con esas, Alien 3 y Alien resurrection son obras maestras del cine de autor.

Bajo mi punto de vista, uno de los grandes aciertos, más difícil de lograr de lo que parece, del Aliens de James Cameron, fue ser capaz de proponer una prolongación de la fascinante aventura inicial lograda por el Scott más inspirado y, englobando a aquella película, crear la Sci-Fi más verosímil imaginable, ensanchado la mítica de la criatura y de ese mundo futuro sólo susurrado en la primera película.

No nos engañemos. Alien 3 vendría a ser una repetición del estilo de la primera, y Alien 4, ligeramente superior a la tercera, un intento de repetición de la intensidad de la segunda. Ninguna de las dos posee una personalidad propia, ni una sorpresa más allá de mayores truculencias, manierismos y ‘supuestos’ avances tecnológicos. Ni una sola idea, ni una sola secuencia memorable, salvo el ya citado momento subacuático (en verdad espeluznante), con las criaturas buceando tras los (anti)héroes.

El principal problema de la tercera parte es que todos esperábamos un tercer episodio grandioso, que superase, si era posible, la intensidad de la segunda, y la fascinación de la primera, en un final apoteósico que culminara una trilogía legendaria. Pero nos llevamos un chasco muy grande. Repitiendo los esquemas de suspense de la primera parte, con un inicio muy lento, con una falta de ingenio en la historia apabullante, y con un guión ciertamente muy pobre. Es una pena que el debut de Fincher, que asombraría al mundo con su posterior Se7en, tuviera la mala suerte de una producción tan desastrosa.

Sin embargo no todo es malo en Alien 3. Sonará a un lugar común, pero la personalidad estética de Fincher se percibe desde su primera película. Así mismo, Sigourney Weaver se deja la piel, aunque su personaje aparece ciertamente desdibujado. ¡Qué gran actriz! Su Ripley mejora en la cuarta parte, aún siendo un clon.

Porque la cuarta parte, tan gótica, tan demesurada, acaba cayendo simpática de lo puro cómic que es, y le cuadra bien esa Ripley un tanto desmelenada, que es una valiente reformulación de un personaje tan nítido. Jeunet se olvida por completo del mundo Alien y se cree que está filmando una secuela siniestra de La ciudad de los niños perdidos. Sin embargo su grupito salvaje, que lucha por llegar a su propia nave antes de ser hecho pedazitos, tiene su gracia, con ese Ron Perlman.

El plano de la cámara introduciéndose en el cuerpo, por la boca, nada menos, del futuro cadáver, le pone los pelos de punta al más curtido. Pero en general falta algo que hacía especiales a las dos primeras películas.