En su momento no me molesté en dejar ninguna crítica de esta película. Hubiera sido como prestar atención a algo que de por sí la reclamaba con un aparato de marketing tan impresionante como el de la saga de los anillos (aunque por supuesto sin su tirón popular), y que no se lo merecía en absoluto. Pero ahora, casi tres años después de su estreno, tras haberla visto tres veces, no me resisto a dejar mis impresiones de un film que es un fracaso en todos los sentidos.

King Kong, una película que era el verdadero sueño de su director, más que una innecesaria película, es una película muy mal ejecutada técnicamente, que se construye como verdadero remake de la prodigiosa película de 1933, con un guión que es una tomadura de pelo, sin el menor sentido del ritmo, y que acaba siendo más un cómic carísimo y pobrísimo de ideas e imaginación, que un verdadero filme de aventuras, género para el que Jackson parece cada vez menos capacitado.

Pero su aspecto visual es hijo de este tiempo, en el que sufrimos productos insoportables como Speed Racer o este King Kong, artefactos frenéticos que esconden con millones de dólares la escasez de inventiva, en un esfuerzo por hacer flipar al espectador, atontando los sentidos, mareando con tanto colorido, luces, movimientos alocados que no te dejan ver nada…porque no hay nada que ver.

Jackson, que en la irregular trilogía de los anillos demostró que podía construir una aventura sólida e incluso hermosa (la ciertamente magnífica The two towers), aquí fracasa por una falta de autoexigencia abrumadora e irritante. Filma un guión sin pies ni cabeza, con apariencia de relumbrón pero sin nada dentro, intentando sin ningún éxito un remedo del relato de 1933 transportado 72 años en el tiempo.

La película costó un dineral y no dio ni la mitad de lo esperado.

Sólo la secuencia de la estampida de los apatosaurios, una locura de CGI penosamente integrado, aunque por supuesto con una nitidez y una calidad de imagen alucinante, deja a este título a una bajísima altura técnica. Esa secuencia es un insulto por inverosímil, por estomagante, porque parece de dibujos animados. En ningún momento te crees que los actores estén ahí. Además, para colmo, las proporciones de tamaños entre las personas y los enormes animales varían continuamente.

Por supuesto que el gigantesco mono es una gran creación CGI, pleno de detalles y de personalidad, pero es lo único relevante y trabajado artesanalmente, porque todo lo demás, incluida una fotografía penosa, por preciosista y mentirosa, obra de Andrew Lesnie, es una catástrofe aburrida, que no empieza nunca y que acabas deseando que concluya de una vez.

No se entiende como una actriz del talento inmenso de Naomi Watts (que en 21 gramos hizo una de las mejores creaciones artísticas de la década) puede participar en esta atroz bobada. Ella y su belleza, su indescriptible presencia, son sin duda lo mejor de la película, e incluso se puede justificar su aburrido visionado por observarla a ella, que se deja literalmente la piel.

El maravilloso Adrien Brody le ofrece una digna réplica a esta gran actriz, y ambos, y poco más, destacan sobremanera en esta nadería.