

El 21 de Noviembre del año pasado, fallecía Fernando Fernán-Gómez, tras soportar varios años una larga enfermedad que no minó su creatividad ni su vitalidad. Pocos meses después, el 23 de marzo de este año, fallecía Rafael Azcona, al que todos veían en plena forma pese a sus 82 años, y que a nadie había hablado de su cáncer…
Así, en pocos meses, desaparecían las dos máximas figuras españolas de la interpretación y de la escritura de guiones, respectivamente. El funeral de Fernán-Gómez fue un acontecimiento cultural, mientras que el de Azcona fue más breve e íntimo. Ahora que ya no están, dos preguntas emergen, inevitables, para ser respondidas. ¿Se apreció a estos dos hombres como se debía en vida? y ¿queda algo en el cine español equivalente o capaz de ofrecer una aportación creativa similar en importancia y vigor a la de estos dos hombres? Mucho me temo que la respuesta a ambas preguntas es… no.
En un cine ya tan irremediablemente sectario, desgajado, tan falto de ambición estética e intelectual mientras que rebosante de ambición económica, como el español, ambas figuras totémicas nunca fueron apreciadas en su justa medida ni por los medios de comunicación ni por el público. Los medios etiquetaron al actor en sus últimos años como un gruñón mediático mientras que ningunearon a Azcona, y los siempre poco instruidos espectadores españoles se dejaron influenciar y tan sólo los que conocieron a ambas figuras en sus años de plenitud aún les respetaban como debían.
Para los jóvenes Fernando Fernán-Gómez no era uno de los más grandes actores de cine y teatro (amén de uno de los directores más interesantes en ambas disciplinas, y escritor de novelas, y autor de obras…) que ha dado el cine español. Sólo era una vieja gloria que quizá conoció buenos tiempos, que participó en Belle époque, y que tenía una mala hostia irreprimible.
Quizá no supieran que Fernán-Gómez era un hombre muy tímido y celoso de su intimidad, al que la fama y el nombre le impedían, por un lado, pasar desapercibido, y, por otro, mantener las formas. Pero, ¿qué actor español de ahora mismo tiene su carisma, su fuerza expresiva, su vasta cultura, su inteligencia, su presencia al menos? Su mala fortuna fue nacer español, aunque lo hizo en Lima, Perú, y trabajar siempre por y para y en este país cainita y olvidadizo, en el que un día te ensalzan y al otro te arrastran por el suelo de los pelos…
Fernán-Gómez fue todo eso, pero además fue un profesional impecable y un hombre de una mente libérrima, anárquica y poderosa. Los ‘progres’ (esa endemia del cine español que todo lo recorre) lo querían de su lado, otros le acusaban de ser un derechista esquivo. Lo cierto es que era un hombre demasiado complejo y, al mismo tiempo, sencillo, para poder definirle y enconsetarle.

Exactamente igual que Azcona, quizá el guionista más prolífico, regular y experto de la entera historia del cine español. Yo no diría el mejor en términos de genio artístico, pero sí quizá el más representativo de su época y el que mejor supo cambiar acorde a los tiempos. Además, un ejemplo de humildad (pues todo divismo era antinatural en él), y de serena inteligencia.
¿Este cine español progre, ensimismado, quejumbroso y desenganchado de los espectadores, es la herencia de estos dos grandes hombres de cine? Yo creo que no. Estos dos hombres son de otro cine, del suyo (pues durante décadas a Fernán-Gómez le ningunearon y a Azcona le taparon), el cine español no se los merecía y ahora que no están, pueden recordarles con fingida admiración, pero ninguna sabiduría pueden extraer de ellos, ninguna estela pueden seguir ya que lo único que les interesa, a todos esos actorcitos candidatos a estrellitas, a todos esos guionistas de tele y cine ansiosos por vender la gran idea y forrarse, es la fama y el dinero…
…precisamente las dos cosas que han convertido al arte del siglo XXI en un vertedero que a nadie le interesa.
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No puedo hablar en nombre de todo el gremio, pero no conozco a ningún guionista que no incluya a Azcona y Fernán Gómez en sus “oraciones” (ni siquiera yo, que soy atea). Son dos figuras indiscutibles y su influencia es abrumadora para cualquiera que se atreva a pegar golpes en un teclado.
En cuanto a la relación dinero-arte, creo que es un matrimonio de conveniencia que dura desde que ambos existen. De Aristóteles hasta nuestros días, todos putas (disculpad mi franqueza). Claro que sin el dinero de Southampton, por ejemplo, nunca podríamos haber disfrutado de los sonetos de Shakespeare.
Y un último apunte. Tengo la suerte de dedicarme a algo que me apasiona, pero ni por un momento tengo la impresión de que se trate de un “arte”. A mí me gusta pensar que se parece más a lo que hace un zapatero, o un luthier. Es un oficio, y como tal me siento artesana, no artista. De esos, hay pocos (en España y en todas partes).
Un saludo, y disculpad el rollo…
Hola, Lidia:
Antes que nada perdona que no te respondiese antes, pero estaba caído esto…
Por lo que leo eres guionista ¿o me equivoco? No me parece mal que se promocione o se invierta en arte, pero la relación debería acabar ahí.
De rollo nada, gracias por tu comentario
Estupendo post y un muy sereno comentario. Asi da gusto.
Saludos a ambos.