Gran parte del prestigio, para los fanáticos que tanto le veneran, del neoyorquino más sobrevalorado de la historia, el célebre Stanley Kubrick, se basa en su filme 2001, a space odyssey, que algunos consideran la película más perfecta que se ha hecho técnicamente, y otros, muchísimos, también el mejor Sci-Fi. Ciertamente, habiéndose filmado el 29 de Diciembre de 1965 y estrenada en 1968, la película impresiona por su factura.

Filmada en Cinerama de tres paneles (creo que hasta en la última edición en DVD se perciben las líneas que dividen la pantalla en tres, concretamente en la secuencia en que Bowman decide ‘desactivar’ al peligroso HAL 9000), 2001 fue descrita por su director como un documental mitológico. A punto estuvo de provocarse un incendio por las altas temperaturas de las luces del plató, que le otorgan esa fotografía tan especial.

Pero yo pienso que si Kubrick ha sido elevado a los altares por su concienzuda elaboración técnica, más aún debería ocurrir con un tal Katsuhiro Ôtomo, que justo 20 años después estrenaba la adaptación de su propio Manga.

Cualquier animador, que además conozca a fondo el medio cinematográfico y sea un buen cinéfilo (¿Cuántos habrá?), sabe perfectamente que hacer Akira es mucho más complejo, incluso, que hacer 2001, que por supuesto tuvo lo suyo. Si Kubrick es el mayor genio del cine (cosa que he negado aquí y seguiré negando), entonces…lo fue, hasta la llegada de Katsuhiro Ôtomo y un asombro titulado Akira, que se hizo en 1988 y que aún no ha sido superado.

No caeremos en los lugares comunes y las facilidades a las que muchos se entregan: Akira no es una obra maestra del cine. Ni siquiera me parece un filme genial, ni grande, ni innovador. Ahora bien, en cuanto a técnica, en cuanto a cinética, planificación, realización, Ôtomo es muy superior a Kubrick. Baste este ejemplo que pongo más abajo, en una calidad sensiblemente pésima en comparación a la del DVD, y que aún así sirve para ejemplificar (si alguien no la ha visto o no la tiene reciente) lo que estamos diciendo.

Los juegos de luces, los brillos, los reflejos, no tienen parangón en un filme de animación de la actualidad. Por supuesto que el ordenador se utilizó, pero el acabado es totalmente artesanal, y es que los japoneses que la hicieron (y en un tiempo record) cuidaron cada detalle hasta la extenuación. Puede que ahora un filme de Pixar tenga más calidad por pura potencia del desarrollo de las herramientas tecnológicas, pero siguen sin superar el modo de emplear esas herramientas, que aquí adquiere el rango de una elegancia y placer sensorial inusitados.

1988 es como decir la prehistoria de la animación, dada la velocidad en cómo se perfeccionan las cosas. Pero ésta película está en el futuro, contiene lo mejor de la animación tradicional y de 3D, y ni aún posteriores producciones de su director pudieron hacerle sombra. La animación de Akira es tan perfecta que se convierte en exhibicionismo. Sólo era posible hacerla realidad en Japón, donde se piensa y se duerme en dibujos animados.

Sin embargo el conjunto sufre por la excesiva acumulación de hechos, personajes y tramas, producto de la condensación del manga, que era muy extenso. No había necesidad, pero se ciñeron a la historia original. Esto hace de Akira una película confusa, muy irregular, que a ratos aburre o despista, que carece de un punto de vista definido y que acaba agotando por su espectacularidad y su exceso.

Ahora bien, yo sigo prefiriéndola a 2001, y también es Sci-Fi, un Sci-Fi raro y perturbador, muy japonés, abigarrado y ultraviolento. La historia de Tetsuo, al final, conmueve, y la pura belleza de sus atmósferas y tonalidades cautiva. Hay algo poderoso en ella. Dicen que están haciendo la película en imagen real. ¿A quién diantres le importa teniendo esto?