
Resulta que un día, un tipo de Arvada (Colorado), comenzó a escribir críticas feroces, llenas de mala baba, controversia y palabras soeces. No tenía ni la más mínima preparación en eso de escribir sobre cine, pero gracias a sus exabruptos, exageraciones y barbaridades, poco a poco se fue ganando fans. Ahora, diez años después, su blog, o lo que diablos sea, tiene cientos de miles de entradas al mes.
Por supuesto, no da su verdadero nombre, aunque al final se ha descubierto que se llama Matt Weatherford. Tampoco se sabe a qué se dedica verdaderamente y él no quiere decirlo (¿falsa timided calculada?). No me digan ahora que un tipo como ese sólo tendría cobertura mediática en un país como Estados Unidos, porque lo que viene a demostrar es que, cuanto más bestia es uno en sus declaraciones, cuantos más epítetos burdos, soeces y desproporcionados, cuanto más irrespetuoso es uno, más fama consigue, más comentarios y visitantes.
La gente, por supuesto, es muy libre de leer lo que le de la gana. Pero es muy cierto, y aquí en Extracine lo hemos comprobado, que las críticas, o reseñas, o artículos que más impacto producen, son aquellos más desaforados (tengan razón o no), mientras que otros que simplemente dan cuenta de las muchas bondades de un filme pasan completamente inadvertidas.
Pero las cosas son como son. La gente lo que quiere es carnaza, diversión. La mayoría de las veces lo que quieren es divertirse, aunque sea a costa del editor que se tira dos horas escribiendo un artículo, lo cual no deja de ser tremendamente injusto. Esos, que sólo quieren leer bobadas, y ver posters de Iron-Man, son los que más comentarios dejan, mientras que los que quieren aprender cosas nuevas sobre cine, los que leen con paciencia y respeto, no suelen dejar comentarios o hacer demasiado ruido, seguramente por pudor y reserva.
Pero, vamos. En España tenemos nuestra porción de mugre con Abuín (otro tipo sin preparación ninguna y que al principio tampoco firmaba con su nombre) y su ‘exquisita’ pluma. Basten dos ejemplos para que los que no gusten de mis artículos y se vayan a leer a un tipo que entendió que eso de ser maleducado y soez era una mina para ganar fama.
No hay que confundir mala hostia con mala baba. Un crítico, que en principio se tome muy en serio su trabajo, que elija respetar su propio oficio, tiene todo el derecho del mundo a expresar su indignación, incluso su rabia, contra un producto que le haya parecido insultante u ofensivo. Pero siempre desde el respeto al lector, desde el conocimiento y la profesionalidad.
Lo difícil está en atacar sin caer bajo, sin alusiones rastreras y manteniendo la compostura. Pero para eso hay que tener personalidad. Algo que les falta a muchos que han convertido la crítica en ese algo amorfo que es hoy en día, algo que a la gente no le interesa e incluso insulta.
Yo sigo creyendo que la crítica es más necesaria que nunca. La buena, claro.
Enlace: Rey de la crítica mugrienta


Es increíble, la crítica de Inland Empire tiene nada menos que 103 comentarios. No me lo puedo creer.
Un saludo.
Martin Seligman (reconocido psicólogo americano) describe en uno de sus libros un experimento que se llevó a cabo en una universidad de su país. Ante dos críticas de la misma película, una buena y otra mala, al preguntar a la gente cuál de los dos críticos era más inteligente, la respuesta mayoritaria fue “el que hizo la crítica mala”.
Hablar mal de algo o de alguien nos hace parecer más inteligentes. Me temo que así son las cosas. Personalmente, como espectadora, siento curiosidad por las críticas y agradezco escuchar todo tipo de opiniones: buenas y malas.
Un saludo.
Debo felicitarte por esta nueva ola de post,creo que estoy rompiendo mi promesa pero, que mas da muy interesante.
Hola Eliseo:
Desconozco a qué promesa te refieres. ¿Tenía que ver conmigo y con no comentarme más? La verdad, no tengo ni idea.
En cualquier caso, me alegra que encuentres mi trabajo muy interesante. Estamos de acuerdo, yo también lo encuentro muy interesante.