La gran película de Adolfo Aristarain, uno de los pocos directores actuales que pueden llamarse eso…director, trata, se sumerge, acerca de muchos temas capitales de la vida de ahora mismo: los sentimientos filiales, la amistad siempre abrupta, la soledad, la juventud sin rumbo, las drogas y su hipocresía, la libertad siempre ansiada y nunca encontrada, del sexo liberador y también esclavizador…

Pero yo me quedo con su subversión, su rebelión contra las normas establecidas…no sólo del cine y de los parámetros comerciales, sino su discurso por completo anárquico y hermoso. Nunca he visto algo como cuando Dante (un indescriptible Eusebio Poncela) se baja del escenario. Una explosión de libertad, de estirpe transgesora, que no conoce parangón.