Cuenta el propio Wilder en sus memorias que durante la entrega de los premios Oscar de la primavera de 1960 (no ha llovido, casi…), en la que arrasó el Ben-Hur de su amigo William Wyler (quien le preguntó a Wilder si debía aceptar el encargo de tan gigantesco proyecto, a lo que Wilder contestó que si quería forrarse para siempre con una mala película, lo aceptara), que cada vez que en lugar de recibir él un premio por Some like it hot lo recibía Ben-Hur se bebía un ‘margarita’.

Teniendo en cuenta que la película protagonizada por el recientemente fallecido Charlton Heston se llevó 11 estatuillas y la de B.W., nominada a 6, sólo se llevó el de mejor vestuario en blanco y negro para Orry-Kelly, pues otros asistentes cuentan que tuvieron que sacar a Billy a rastras del teatro.

Para muchos la más perfecta de la media docena larga de comedias ‘puras’ (las más locas y menos trágicas) que dirigió el austríaco. Some like it hot es, seguramente, la comedia más famosa que se ha hecho nunca, aún después de casi medio siglo de su nacimiento. Los contoneos de Marilyn Monroe por la estación de tren en B&N, seguida de los travestidos Jack Lemmon (uno de los mejores actores de todos los tiempos) y Tony Curtis son tan identificables como el monolito de 2001, o la ducha de Psicosis.

Además en las listas de los críticos y los analistas de todo el mundo, figura como una de las 3 ó 4 mejores comedias, junto con La fiera de mi niña o Ser o no ser, de sus amigos y maestros Lubitsch y Hawks.

Pero más allá de listas o famas, Some like it hot es una muestra perfecta de que a finales de los años 50, y con Diamond de coguionista, Wilder había encontrado ya su techo, su plenitud. El año anterior, con Witness for the prosecution, demostró la maestría de 1950 con Sunset Blvd. o de 1943 con Double Indemnity. Pero ahora encadenaría varias obras maestras, pues como sus seguidores sabrán, el año siguiente es el de El apartamento, y el siguiente el de 1,2,3, y dos años después…

La epopeya de los dos músicos en fuga de unos gángsters, que no tienen más remedio que hacerse pasar por mujeres para entrar en una compañía musical femenina itinerante para no verse tiroteados, no va a ninguna parte más que a la diversión más grandiosa que un espectador de cine ha conocido nunca. Pocas películas más generosas e impredecibles, más locas, que ésta.

Nunca Marilyn (algo entradita en carnes aquí) estuvo más carnal que en este papel de tonta del bote, muy noble y muy rubia, con un corazón de oro y muy mala suerte con los hombres…especialmente los que tocan el sexo tenor….digoooo el saxo tenor.