
Como ya comentábamos ayer en EXTRACINE, 1957 fue un gran año en la carrera del director sobre el que estamos haciendo un repaso a todas sus películas. Cuando, ya retirado, la mujer de I.A.L. Diamond (el gran guionista y productor con el que Wilder empieza a trabajar en este título, y salvo la consecutiva a ésta, sería el coguionista de todas sus películas hasta el final de su carrera), afirmaba que gran parte de lo que significaba la carrera de Wilder se lo debía a Diamond, parece que exageraba.
Wilder ya era Wilder antes de que Diamond fuera su coguionista, aunque bien es cierto que nunca Wilder fue más Wilder que con Diamond. Parece un juego de palabras, pero es la verdad. Aunque viendo la posterior Witness for the prosecution, está claro que Wilder hubiera seguido siendo un gran director. ¿Quién sabe con qué coguionista?
Billy es quizá uno de los más grandes guionistas que han trabajado en Estados Unidos en la época de los estudios. Pese a que nunca firmó en solitario, pertenece a esa casta de director/guionista que siempre parece recibir mayor crédito artístico, cuando otros como John Ford, que no firmaban nunca sus guiones, está claro que participaban en ellos, como todo director que se precie que tenga interés en su oficio. Wilder otorgaba gran importancia a las imágenes, algo que no siempre se le ha concedido, pero bastante más a las palabras.
Quizá por eso, y porque los grandes genios (Holmes/Watson, House/Chase-Foreman-Cameron, Marie Curie/Pierre Curie) siempre necesitan a ayudantes que les inspiren, supo rodearse de gente magnífica, con talento y cultura. La primera colaboración entre ambos fue una joya del cine romántico.
Sin duda, uno de los filmes más frescos, inspiradores, joviales y libres de Wilder, Love in the afternoon, titulada en España Ariane, es uno de sus títulos medios, ni tan famoso como Double Indemnity ni tan desconocido como The Spirit of St. Louis, pero que quien lo ha visto recuerda siempre con gran gozo y emotividad. Y no es para menos.
Poco importa que Gary Cooper estuviera algo ajado, comparada con la desangelada (porque no ha envejecido tan bien como muchos no dejan de decirme) Sabrina, Love in the afternoon resulta mucho más emocionante, ingeniosa y chispeante, y su legendario final hará las delicias de los aficionados al cine romántico con mayúsculas, ese que nos hace llorar con una sonrisa en los labios de satisfacción.
Sí, podría haberla filmado Lubitsch, el gran ídolo de Wilder. Hepburn nunca estuvo más guapa y encantadora. Un sonado éxito de público para un Wilder que se acerca a la plenitud.


mvlx
ey! gran serie de posts
tienes toda la razón
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