Muchas veces he hablado aquí, y en algunos sitios más, del lamentable estado de la Fantasy (tanto es así, que no la llamo ‘Fantasía’, sino que recurro al anglicismo para hacerme entender cuando me refiero a un género infravalorado e infrausado). Teniendo en cuenta su progresivo e incurable infantilismo, la carencia de talentos narrativos y expresivos que puedan aportar títulos emblemáticos, su inexorable declive crítico que ya lo ha convertido en el género más denostado y despreciado…

…Pues uno ve títulos como Wolf, decimoquinta realización del ya veterano (en aquel entonces también) Mike Nichols, y no puede por menos que lamentar mucho el imperdonable error que es elegir al director alemán para firmar un guión no ya espléndido, sino que se yergue como uno de los más poderosos, sorprendentes, inteligentes, ingeniosos libretos que ha dado el cine en el género fantástico.

El guión de Jim Harrison soporta incluso una reescritura (este analista desconoce en qué secuencias o personajes o diálogos) por parte del mediocre Wesley Strick. Aún con los añadidos o ‘deletes’ que el segundo guionista pueda haber aportado, Harrison, quien contaba que mientras escribía esta maravilla vio cómo le brotaba vello por todo el cuerpo, puede estar satisfecho de ser el principal artífice de las mejores virtudes de éste Wolf.

Will Randall es el editor jefe de una importante casa editorial. Pero su vida no parece precisamente feliz: su matrimonio está anquilosado y sin pasión alguna, los años parecen haberle vencido en la madurez, ha perdido la garra en los negocios hasta el punto de verse obligado a suplicar a los clientes, y su jefe, el dueño de la editorial, le tiene en la lista negra simplemente a causa de su individualidad y su buen gusto.

Una noche nevada, después de otra humillante reunión de negocios, Randall atropella a lo que parece un lobo. Le cree muerto, pero el animal le pega un susto de muerte resucitando de pronto y mordiéndole en el dorso de la mano. Randall observa entonces que está rodeado de muchos lobos de extraños ojos amarillos. Huye, pero parece que la mala suerte se ha cebado con él.

Un médico le curará la herida, sin creer su relato de los lobos, y esa noche, su jefe le someterá a la humillación final, sustituyéndole por su mejor amigo, el arribista Stewart Swinton. Sin embargo, pronto cambiará su vida, cuando descubra que el mordisco le ha otorgado dones y privilegios asombrosos.

La forma en que el guión, sólo el guión, vertebra, construye y avanza, oponiendo un retrato feroz (…) del mundo capitalista a un universo fantástico muy coherente y creíble, es sencillamente asombrosa. Randall se convierte en un astuto lobo capaz de vencer a todos sus enemigos laborales, de averiguar secretos que nunca creyó ciertos y de seducir a mujeres fascinantes.

Y el guionista no está solo. Nada menos que Ennio Morricone compone una música inesperada y fabulosa, muy alejada de lo común; el magnífico operador Giuseppe Rotunno ejecuta aquí un trabajo soberbio, capaz de enraizar la fantasía al mundo gris sin romper la atmósfera; nunca vimos a una Pfeiffer más interesante, elegante y fascinante, que hace una pareja genial con un sobrio e imponente Jack Nicholson

Y, sin embargo, y esto demuestra hasta qué punto el director es el responsable de todo, Wolf no termina de erigirse como la gran película que debió ser. Es más, por momentos parece que asistimos a un telefilme sin garra ni ritmo ni fuerza expresiva ninguna, gracias al estilo atemperado, extraño, gélido y casual de Mike Nichols, un tipo para al que el Fantástico y sus misterios parecen quedar muy lejos y ser completamente inaccesibles.

Basta la secuencia en que Nicholson se reúne con el experto en ocultismo para atestiguar que Nichols cree tener en sus manos una obra de teatro (es un excelente director de actores y tiene numeroros premios teatrales), o un guión corriente. Otro cineasta de más fuste pudiera haber otorgado a estas páginas algo más que una puesta en escena televisiva, carente de energía y de inspiración, y que cerca está de destruir la excelente labor de la estupenda (alguna maravillosa) gente que le rodea.

Para un gran director, un guión como éste es un regalo incalculable, y habría filmado una aventura mucho más ágil, oscura, melancólica…porque el guión lo está pidiendo a gritos. Todo eso ya está ahí y sólo hace falta dejar que emerja.

Una pena. Está por estrenarse una esperada versión del mito, con Benicio del Toro. Dudo mucho que tenga un guión de esta calidad, pero ya veremos.

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