Hace pocas semanas avisamos, igual que otros muchos medios (sobre todo internet) que el director mexicano era el que más sonaba para dirigir el proyecto del que hace meses se descolgó Peter Jackson, la adaptación de El Hobbit, y todo Dios, sobre todo en México, se alegró mucho por la noticia. Lo verdaderamente importante sería que Alfonso Cuarón, su cuate, volviera a la saga de Harry Potter para cerrarla con otra obra maestra, pero parece que eso le importa mucho menos a sus compatriotas y al mundo entero, incluso a los fanáticos del niño mago.

Lo cierto es que tiene su lógica que un director tan competente en el márketing y las leyes del mercado, y tan experto en make-up, efectos especiales, sonido y CGI como Peter Jackson, eche mano de otro director especialista en maquillaje, efectos sonoros y visuales como el mexicano de Guadalajara. Son directores de estirpe similar, más preocupados por ofrecer planos de una factura técnica excelente que por profundizar en el verdadero oficio de un director de cine. Más escenógrafos que poetas, en pocas palabras.

La sorpresa sería que Peter Jackson, que ahora va de hombre de negocios, lo que en el fondo ha sido toda la vida (¿y qué hay más alejado del arte que los negocios?), llamara a un director de fuste, como el propio Cuarón, esto es, un verdadero director de cine, dotado de fuerza narrativa, talento para imprimir ritmo a la secuencia, capaz de dirigir a los actores a su terreno. Todo eso no sabe hacerlo del Toro, aunque para dibujar monstruos y ambientes sea imaginativo e ingenioso.

Pero parece que todo está aún en el aire, y llevamos un tiempo sin noticias, por lo que parece que la cosa va lenta o puede paralizarse. Serían dos películas para adaptar las aventuras de Bilbo con los enanos y el mago Gandalf, y no menos de 150 millones de dólares de presupuesto. Ya veremos en qué acaba todo, porque otros proyectos empiezan a amontonarse encima de la mesa de del Toro.

Guillermo del Toro es un director demasiado blando, que aún cuando se pone oscuro y violento, como en la digna Blade II, apenas consigue aportar nervio narrativo a la acción. Durante buena parte de sus inicios fue literalmente ninguneado por crítica y público, hasta que hizo la endeble Hellboy y poco después la sobrevalorada El laberinto del fauno. De repente a todo el mundo le parecía un genio el bueno de del Toro. Pasamos de la indiferencia a la alabanza con demasiada facilidad, lo que no deja de ser sospechoso.

Ahora llega la segunda película de Hellboy, Hellboy II - The golden army, que promete ser tan vistosa y preciosista, y tan aburrida, previsible, lenta y falta de chispa como la anterior. Prometemos verla y dejar la debida crítica, intentando olvidar el ‘deja-vu’ que provocó la primera parte. Pero el extraordinario cómic de Mignola, sus claroscuros, su complejidad moral, su mitología, quedaron muy lejos de ser captados por el ojo y la habilidad de del Toro.

De momento, y hasta ahora, nada parece indicar que sea capaz de organizar una buena realización con The hobbit. La literatura de Tolkien es demasiado intrincada y poética para directores tan blandos y mecánicos como Jackson y del Toro, por mucho que digan, en el trailer de su nueva película, que es un director visionario…