
Esto no es una película, esto es un puñetazo en la cara, un escupitajo en la supuesta bondad del hombre. Cuando Wilder apuntaba con fiereza, nadie podía superarle, y aunque un año antes parecía que con Sunset Blvd. había tocado el techo del cinismo y la negrura moral, con Ace in the hole demostró que su mala uva era ilimitada.
Puede que tuviera que ver su conocimiento sobre el oficio tan denostado del periodismo, o puede que fuera, simplemente, su conocimiento sobre la verdadera naturaleza del hombre, que convierte a este mundo en, casi siempre, el peor posible. Con esta terrible y descorazonadora historia, el espectador no puede sino claudicar moralmente: somos una mierda.
Con la inestimable ayuda del rostro pícaro, casi cruel, pétreo de uno de los actores más capaces de interpretar a un hijo de puta de las características de Charles Tatum, el siempre infravalorado Kirk Douglas, Wilder sí es capaz de convertir a Sunset Blvd. en un filme más o menos ligerito.
Aquí Wilder, invisible, sobrio, es el Wilder de verdad, el que en los años 60, con sus luces y sus sombras, será plenamente dueño de su expresión artística. Una película que fue odiada en su estreno y que es de obligada visión para todos los amantes del cine.
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