El francés afincado en Estados Unidos Michel Gondry, nacido hace casi 45 años en Versalles, es poseedor de eso que se llama, un tanto superficialmente, ‘un gran estilo visual’, o un ‘estilo personal’ a la hora de hacer no sólo películas, sino todo tipo de productos audiovisuales. No en vano fue uno de los más solicitados realizadores de video-clips (The white stripes, The chemical brothers, Kylie Minogue o Bjork se cuentan entre sus clientes) de los 90. Hay muchos como él, muchos realizadores capaces de ejecutar filigranas audiovisuales, sobre todo en estos tiempos hiperrealistas y tecnicistas. Pero muy pocos o ninguno consiguen una obra cinematográfica de calado universal. Michel Gondry es el principal artífice de una de las obras de arte más importantes de los inicios del siglo XXI: Eternal sunshine of the spotless mind, al que dedicamos en estas páginas un denso análisis (ver I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX y X) intentando hacerle justicia.

Parece poco probable siquiera que Gondry acceda a ese nivel de inspiración muchas veces más en su vida. Quizá nunca repita nada igual a aquello, pero no parece tener la más mínima prisa. Seguramente tranquilo por saberse ya con un sitio en la historia, sus dos últimas películas (ambas con un guión escrito en solitario, menos perfectos quizá que lo que podría ofrecerle el mejor Kaufman, pero adscritos a un universo mucho más íntimo) son un capricho estético de gran generosidad, coraje y coherencia.
Jerry y Mike, Mike y Jerry, son unos nuevos Abbot y Costello, una pareja cómica arrolladora que reescribirá con ingenio no la historia del cine, sino la lógica del cine. Cuando Mike se vea obligado a reparar sus cintas, drásticamente magnetizadas, por otras ‘asuecadas’ (es decir, por una versión cutre pero apasionada y llena de inventiva), no es más que un alter-ego poco sutil del magnífico realizador que está detrás de la película. Gondry comienza la película con una gloriosa grúa que desciende hasta debajo de un puente con una continuidad nunca comprometida por la velocidad, o nos deleita con un plano-secuencia (éste sí) que recorre la infinidad de trucos - todos verídicos - con los que el grupito de cineastas de plena vocación cutre intentan sustituir planos de impecable factura de películas emblemáticas como 2001.

No estamos, por tanto, ante una declaración de amor al cine - ni siquiera es cine lo que hacen, sino video casero - sino ante un estudio del trucaje en el cine, ante un explicitación de la lógica del punto de vista, de la factura técnica, del trucaje a cámara como respuesta a un cine cada vez más informatizado. Y por supuesto estamos ante la constatación de qué difícil es hacer una película, de cuántas cosas hay que hacer para que salgan más o menos bien, cuántos esfuerzos, peligros, dolores de cabeza, aburrimiento, lucha, guerras, dudas, alimentan el día a día de un cineasta, y esto se muestra aquí aunque sólo sea por omisión.
Gondry demuestra que domina la transición del tono entre la comedia disparatada y ciertamente bufonesca y el melodrama social y sentimental. Be kind, rewind se erige así como una de las más refrescantes comedias (¡qué pocas hay!) que hemos visto en mucho tiempo, con el género en una decadencia que parece irreversible ante el gusto (?) fagocitador del espectador adolescente, tan alejado de los complejos resortes catárticos de la comedia y la farsa.
Muy recomendada para espectadores sin complejos que sepan reír
Nota: adjunto un detalle de su magnífica y sorprendente web oficial











Miren quién volvió! Saludos, Adrián. Tengo muchas ganas de ver esta película sobre esos dos amigos que cumplen el sueño de todo cineasta frustrado: hacer versiones cutres de sus películas favoritas.
Hola, Salem:
Yo creo que la película no te defraudará.
Hasta otra…
Yo creo que no podría hacer una pelicula así, porque necesitaria otro guión de Michael Kauffman inspirado a la infinita potencia. Como aquella vez.
Para mi esa pelicula el guion fue lo escencial. O el sistema nervioso. Goundry hizo todo lo demas con maestria. Por eso fue una Obra Maestra. Por la suma de dos genios.
Hombe, pero que grato es tenerte de regreso, críticas objetivas y contundentes, reseñas veraces y voraces, no se puede pedir más, precisamente hoy “googlee” tu nombre para tratar de seguirte la pista y ¡sorpresa! ya estas por estos rumbos de nuevo, gracias y hasta pronto!
Muchas gracias, Eduardo.