Haciendo memoria, de entre los miles de blockbuster que se han ido estrenando desde que se inventó el maldito término, y de entre los cientos de adaptaciones de cómics con los que los ejecutivos de Hollywood (esos que van con corbata, ganan 100.000 $ al mes y no han visto una película europea o asiática ni de casualidad) nos martillean año a año, no se me ocurre nada peor que lo que hicieron con Spawn.

He de reconocer que en su momento, primeros años 90, me enganchó el cómic en cuestión, una fantasía de Todd McFarlane, que es (o era) un dibujante brillante pero con unas ínfulas terribles, y un guionista bastante mejor de lo que le concedían. Spawn fue un superventas en toda regla, y era de esperar que acabaran haciendo una película, que yo (tenía menos de 17 años, entiéndanme, por favor…) esperaba que saliera bien.

Resulta que Al Simmons, soldado de las fuerzas especiales, un asesino de la Inteligencia Norteamericana, la palma y el diablo ‘in person’ le elige como uno de los capitanes de las fuerzas infernales que deben enfrentarse a las fuerzas celestiales, un Spawn, o engendro infernal. Al Simmons es una especie de muerto viviente con unos poderes alucinantes. Lo malo es que cuanto más los use (intentando de alguna forma redimir su alma…) más se gastan y más se acerca a su segunda muerte.

El cómic es más vistoso imposible, en plena generación post-marvel (aquí sello Image), y de un colorido y una espectacularidad que garantizó su exitazo. No era tan difícil hacer una película que contara esta aventura de forma correcta, minimamente digna y divertida. Pues nada, no hay manera.

Dirigida por un tal Mark A. Z. Dippé (¿a que tiene nombre de gran director de cine?…), que se labró gran reputación como supervisor de efectos visuales de varias películas (como algunas de James Cameron), Spawn es un ejemplo de todo lo que no se debe hacer en una película de fantasía y aventuras. Esto es: pésima dirección de actores, ritmo inexistente, un guión pobre de ideas que copia lo que no debe e inventa cuando debe copiar, uso y abuso de efectos especiales, tratamiento de los personajes en plan ‘sabemos que sólo la verán adolescentes’. Y un largo etc.

Ya. La secuencia de la transformación de Violator mola mucho (también porque ese morphing, con luz nocturna y lluvia era facilito), pero no justifica el engendro. Y mucho menos futuros engendros, pues siempre se rumorea que habrá secuelas

Catástrofes como esta son las que le destrozan a uno su adolescencia cinéfila. Aunque, mejor pensado, también le despiertan a uno y le advierten que no todos los que se dedican a eso del cine son gente que sepa hacer cine. Ni siquiera son gente a las que les guste el cine.

Quizá todo esto venga de que no dejan de anunciar Iron Man por la tele. Seguro que puedo pasar sin ir a verla. Ya me han engañado demasiadas veces…